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En una inusual entrevista, Benedicto XVI desliza su grave preocupación: un cisma en la Iglesia

En una extraña entrevista realizada en “el lugar más seguro de los jardines vaticanos”, rodeados de árboles y flores maravillosas, junto con una discreta pero nutrida vigilancia de la gendarmería pontificia, la revista semanal “7” del Corriere della Sera da cuenta del encuentro de Massimo Franco, uno de los principales columnistas del más importante diario italiano, con el único Papa emérito en la historia de la Iglesia: Benedicto XVI, al siglo el alemán más influyente en la Iglesia en el último medio siglo, Joseph Ratzinger. En las páginas de la entrevista, con muchas fotografías, Franco nunca refiere lo que el Papa le dijo textualmente sobre el tema más dramático que vive la Iglesia: la perspectiva que las divisiones internas lleven a un desastroso cisma.

Pero con talento Franco muñequea los dichos de Ratzinger, a quien las fotos muestran más flaco y frágil que nunca a los 92 años, de Papa vestido, con la cara cansada pero los ojos bien lúcidos.

Bergoglio visita al Papa emérito, el alemán Joseph Ratzinger. / AP

La obsesión de la unidad de la Iglesia para Ratzinger es más aguda que nunca. Y los fantasmas de un cisma están presentes en él, como en su sucesor (Papa Francisco) y en muchos cardenales”, escribe en la última página de su artículo Massimo Franco.

Va más allá y demuestra que el tema justifica las preocupaciones de Benedicto-Ratzinger por los repetidos encontronazos internos en la Iglesia de Alemania. “La perspectiva de una laceración en su amada Alemania es siempre menos inverosímil”.

Los peligros. “Las aperturas al fin del celibato, al sacerdocio femenino, al matrimonio homosexual por parte del cardenal Reinhard Marx y gran parte del episcopado progresista, están desestabilizando el catolicismo en aquella nación”, explica el jefe de redacción del “Corriere”.

El Papa emérito es el terminal y el elemento moderador de un fermento que puede transformarse en un cisma abierto”.

Benedicto XVI es ayudado por su su secretario, el arzobispo Georg Gaenswein./ AFP

El mensaje resulta bastante claro aunque elíptico. Franco describe la rutina de la vida del Papa Ratzinger en el pequeño convento en el que habita con su secretario y jefe de la Casa Pontificia, el arzobispo Georg Gaenswein, de 62 años, y una influencia notable. “Pero en esta rutina no se le escapa nada de lo que ocurre en la Iglesia”.

La Iglesia está en ebullición por la conspiración conservadora y tradicionalista que consideran un “hereje” que traiciona la doctrina al Papa Francisco. El cardenal alemán Karl Kasper, vecino a Bergoglio, dijo por la TV germana que los conspiradores quieren “otro cónclave”. O sea desmontar del poder a Jorge Bergoglio.

Es evidente que al eremo en los jardines vaticanos en los que reside el Papa emérito llegan cardenales y monseñores que forman parte de la conspiración. Franco lo único que cuenta son las visitas del Papa Francisco, mucho más frecuentes que lo que se sabe. Se supone también que su secretario monseñor Gaenswein también lo tiene al tanto de los vaivenes de la interna.

Las pocas palabras entrecomilladas de Benedicto, sentado en un banco verde en los jardines vaticanos, adquieren así un valor interesante por los mensajes que contienen. Escribe el Corriere: “Es una paradoja: más el Papa emérito se ha hecho casi invisible, frágil en el físico, más cada una de sus palabras encuentran un eco potente e inesperado. Quizás porque ha demostrado una lucidez sorprendente y porque ha entrecruzado y revelado las inquietudes de una Iglesia dividida y desorientada”.

En abril, hicieron explosión en la Iglesia unos apuntes firmados por el Papa emérito, dedicado al peor escándalo que la Iglesia ha vivido en muchos siglos por los abusos sexuales de los sacerdotes y las coberturas “non sanctas” a los culpables por parte de tantos obispos y jefes de ordenes religiosas.

Benedicto atribuyó la difusión del mal en las entrañas de la Iglesia a la revolución social del ’68 que sacudió a Europa, las ideas libertarias y contrarias a la religión que se difundieron a partir de las barricadas de París.

Aquellos apuntes decían muchas otras cosas y de su lectura no se deducía un apoyo a la estrategia del Papa Francisco para enfrentar los abusos sexuales y las coberturas.

Aunque el Papa Ratzinger reafirmó su lealtad a Francisco y reiteró que “el Papa es uno: es Francisco”, su figura despierta resquemores entre los progresistas.

Franco escribe que “este teólogo en apariencia tan frágil conserva en realidad una formidable capacidad de análisis sobre la fuerza y los desafíos que la Iglesia tiene por delante”.

Ratzinger tal vez le dijo en el encuentro a Massimo Franco la frase que el periodista mediatiza señalando que es lo que el Papa emérito responde a quienes le manifiestan sus miedos. “La unidad de la Iglesia está siempre en peligro, desde hace siglos.. Lo ha estado en toda su historia. Guerras, conflictos internos, impulsos centrífugos, amenazas de cisma. Pero al final ha siempre prevalecido la conciencia de que la Iglesia está y debe permanecer unida. Su unidad ha sido siempre más fuerte de las luchas y de las guerras internas”.

Estas palabras lucen como un testamento imperioso. La amenaza de cisma hoy es real y el Papa emérito Joseph Ratzinger lanza un mensaje inequívoco: La Iglesia debe permanecer unida..

FUENTE: Clarín

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