Sociedad

La prueba PISA confirmó que los estudiantes que sufren bullying aprenden menos

Que el hostigamiento entre estudiantes – conocido como bullying o ciberbullying en su versión redes sociales- afecta el rendimiento escolar ya se sabía. Había sido medido, por primera vez, en la prueba PISA de 2015, cuando se implementó un cuestionario complementario acerca del “clima escolar” para que respondieran los alumnos de 15 años que participan de esa evaluación. De ahí surgió que los alumnos que decían haber sufrido más acoso en el aula eran los que peores resultados obtenían.

Pero la Argentina había sido descalificada de aquella prueba estandarizada -por entregar mal la muestra estadística de escuelas- y la información que se tenía, entonces, era global. Ahora, con PISA 2018, sí están los datos del país y lo que muestran es que aquí también hay una marcada diferencia en los desempeños educativos entre quienes sufren bullying y quienes no lo sufren.

Un nuevo informe del Observatorio Argentinos por la Educación puso el foco en la diferencia que tuvieron en el aprendizaje de Matemática, de acuerdo a la frecuencia con la que son sometidos a situaciones de hostigamiento. Y comprobó que los alumnos argentinos que nunca sufrieron violencia física obtuvieron, en promedio, 394 puntos en Matemática mientras que los que fueron acosados una o más veces por semana sacaron sólo 353 puntos. La diferencia es de 41 puntos, un valor que -para los especialistas- equivale a un año escolar entero.

El informe fue realizado por Alejandro Castro Santander, que dirige el Observatorio de la Convivencia Escolar de la Universidad Católica de Cuyo. El experto además analizó qué pasa con los chicos sometidos a maltrato verbal o quienes sienten menor pertenencia escolar, otros dos indicadores que ofrece la prueba PISA. En ambos casos, esos alumnos también obtienen peores resultados en Matemática.

“Entre los factores internos, uno de los que más influye en la calidad de los procesos educativos es el clima escolar y, paradójicamente, es el que menos se gestiona al interior de las comunidades”, dice en el informe Alejandro Castro Santander. “La respuesta educativa debe ser compleja, multidimensional y perseverante”, suma.

Además de las pruebas PISA, en las evaluaciones locales Aprender también se registran datos preocupantes vinculados a la convivencia escolar. Allí se ve, por ejemplo, que seis de cada 10 alumnos dicen haber visto situaciones de bullying entre los alumnos o discriminación por alguna característica personal o familiar del estudiante, ya sea por religión, orientación sexual, nacionalidad, etnia o característica física. Lo afirman desde alumnos que van a la primaria hasta los de la secundaria.

El 12% de los estudiantes secundarios dijo en esa prueba que lo observa siempre, el 18% que la mayoría de las veces y el 33% que algunas veces. Solo el 37% afirma que no perciben discriminación. Este dato es fuerte porque la prueba Aprender es censal, es decir que la contestan todos los alumnos argentinos de los últimos años de la primaria y la secundaria.

Hasta aquí la situación. Ahora, ¿qué hacer para enfrentar este problema que es tanto humano como educativo? En un informe anterior, los expertos de la OCDE -organizadores de PISA- proponen a los países llevar adelante programas “antibullying” con “enfoques integrales”: que incluyan capacitación docente sobre esta cuestión así como el manejo de las situaciones de acoso escolar; la implementación de investigaciones periódicas para monitorear la evolución; y estrategias para informar y comprometer a los padres.

María Zysman, psicopedagoga y directora de la Asociación Libres de Bullying, le dijo a Clarín que ellos recomiendan una serie de medidas a los docentes con los que trabajan en las escuelas. “Primero, elaborar un protocolo institucional, adaptado a la cultura comunitaria y a los recursos de cada escuela. Después, acordar con las familias estrategias de prevención, detección e intervención en las que todos se sientan comprometidos y acepten una forma de trabajo. Esto es para después no tener problema, por ejemplo al aplicar una sanción. Muchas veces los padres se rebelan contra la institución”, dijo.

Y agregó otros “tips” útiles. Como trabajar con los chicos que son “espectadores” del hostigamiento, para que tengan los elementos necesarios para reaccionar ante estas situaciones: que dispongan siempre de algún docente de referencia en quien respaldarse, “que cada vez que necesitan ayuda puedan pedírsela y ellos les respondan en tiempo y forma”.

Zysman además recomienda generar espacios de reflexión docente, para que puedan programar acciones inmediatas ante estos casos. Sugiere que cada escuela tenga un equipo de 4 o 5 docentes que se ocupen.

Y para padres, así como cualquier otro adulto, revisar las pequeñas humillaciones cotidianas que se generan con los chicos. “Muchas veces no nos damos cuenta que humillamos a los chicos porque pensamos que los estamos educando. Tenemos que revisar también nuestra cultura”, concluye Zysman.

Los alumnos de quinto grado que armaron su propia guía “anti acoso”

La consigna fue que los mismos chicos reflexionaran sobre el tema. Y tanta reflexión derivó en un nuevo reto: la elaboración, entre todos, de un manual o protocolo antibullying. Lo hicieron 50 chicos de 5° grado de la escuela Norbridge, de Capital. La tarea duró poco más de un mes, aunque los maestros venían trabajando el tema desde años anteriores.

“Definimos con los chicos el acoso escolar como una forma de maltrato. Y trabajamos sobre los diferentes tipos de bullying: físico, verbal y social. Una vez definido, acordamos estrategias para prevenirlo y desarticularlo. Así armamos una especie de decálogo bajo la consigna “vos podés hacer un montón de cosas para detener el bullying”, dice Eugenia Racedo la directora de primaria del colegio Norbridge sede Capital.

La guía está dirigida tanto a los chicos como a las familias. Como dijo Racedo, arranca con la definición de bullying. “Es un comportamiento prolongado de insulto verbal, rechazo social, intimidación psicológica o agresión física de un/unos niño/os hacia otro, que se convierte en blanco de reiterados ataques”.

Y define los tres tipos de bullying. Físico: Golpear, patear, empujar, romper pertenencias. Verbal: Burlarse, poner apodos, insultar. Y social: Hacer el vacío, aislar al hostigado, ignorarlo, difundir rumores. “Los tres tienen un componente de maltrato psicológico, latente en todos y cada uno de ellos”.

La guía sigue con lo que no es bullying: una pelea aislada en el patio, no invitar a la casa a jugar, discutir por fútbol, no querer ser amigo de alguien, sentir que a un compañero no uno no le cae bien, relacionarse “solamente” con dos o tres compañeros y no querer ir a un cumpleaños.

Para los padres también hay consejos: no esperar a que su hijo sea acosado; no criticar a las familias de los compañeros del hijo; si tiene problemas con el docente, hablarlo con él; ir a la escuela cuando lo convocan; generar en casa espacios de diálogo libres de tecnología, impulsar invitaciones que incluyan a todos los compañeros de su hijo y enseñar que el chiste termina cuando alguien sufre. “Si duele, no es gracioso”, es el lema.

Norbridge es una escuela que recibe muchos chicos con altas capacidades. “Estos chicos sufren bullying porque son distintos. Es importante abordar la inteligencia emocional para que no se produzcan segregaciones, particiones y que no queden como blancos fáciles de quienes quieran hacer bullying”, dice Daniel Ricart, creador de ese colegio.

Fuente: clarín

 

 

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