Policiales

San Cayetano se desangra y no hay forma de parar la violencia

Una pelea entre dos familias parece ser el origen de un enfrentamiento que no deja vivir a los vecinos del barrio El Triunfo, en San Cayetano, cerca del Mercofrut. Todo comenzó el sábado por la noche cuando, violando todo protocolo, se organizó una suerte de fiesta en la zona de Brígido Terán al 1.900. Por algún motivo, la reunión derivó en una pelea entre los Juárez y los Quiroga en la que se repartieron golpes y balazos a quien pasara por ahí. Durante todo el domingo, los tiroteos continuaron, hasta que una de esas balas hirió a un niño de 11 años y lo mandó al hospital.

Alan Núñez, como todos los niños del lugar, se escondía en su casa cuando comenzaban las balaceras. Pasadas las 8 de la noche, asegura su familia, hacía ya 20 minutos que no se escuchaba un sólo tiro así que decidió asomarse a la vereda. No llegó a salir. Una bala le entró por la cadera, le perforó el hígado y le dañó el colon. Lo llevaron de emergencia al Hospital de Niños, lo operaron pero, todavía no pudieron extraerle el proyectil. Alan está todavía internado, no recuerda lo que le pasó y sus padres le contestan con evasivas cuando pregunta por qué está en el hospital.

Si bien Alan es la víctima más joven e inocente de este enfrentamiento, no es la única. Adriana Figueroa, vecina de la zona, dice que los Juárez se la tienen jurada porque sus hijos participaron de esa fiesta que derivó en pelea. Cuenta que hoy fueron a su casa a decirle que dejen de andar averiguando quién hizo el tiro que hirió a Alan y que, esta noche, le iban a ir a balear la casa y prenderle fuego. Ella agarró lo que pudo y se fue a vivir a lo de otra vecina.

Del otro lado, los Juárez aseguran que ellos son inocentes y que los violentos son los Quiroga. Gabriela Esperanza, miembro de esta familia, reconoce que su hijo estuvo en la fiesta que se desbordó, pero asegura que volvió a casa antes de los incidentes. Minutos más tarde, agrega, los Quiroga fueron a su casa, abrieron a golpes el portón y la golpearon a ella, a su marido con un chapón y apuñalaron tres veces a su hijo en la espalda. Ninguna de las familias está con consigna policial y, de hecho, en el barrio no se ve un solo patrullero. No hay un solo detenido por esta causa y esta noche, señalan de los dos bandos, van a volver a enfrentarse.

La violencia en el populoso barrio de San Cayetano no es nueva. Hace dos semanas, otro menor, Exequiel Gramajo, de 16 años, salía de una fiesta en la que se había peleado por una chica con otro joven, Matías “Chino” Osores, de 18 años. A la salida, Exequiel no alcanzó a llegar a su casa. Dos personas lo siguieron en una moto, una se bajó y le pegó un tiro en la nuca. Exequiel murió.

Cuatro meses atrás ocurrió otro hecho de sangre con un niño como víctima. Gerónimo Sosa salió a la vereda de su casa el 30 de abril y una bala también le dio en la cadera. El niño estuvo internado dos meses. Ya volvió a su casa, pero no puede moverse sin muletas y los médicos no saben si algún día volverá a caminar bien.

Veinte días antes, Elías Robles, de 23 años, estaba preparando huevos de pascua con su familia para vender, mientras organizaban el primer cumpleaños de su única hija. Quiso hacer una llamada telefónica y, adentro de la casa, no había señal. Salió a la vereda para buscar conexión y dos delincuentes le pegaron un tiro en la cabeza y se llevaron el celular. Los dos fueron detenidos. Uno de ellos, acababa de recuperar la libertad, dos meses atrás: estaba acusado de matar a Enzo Mariani, operario de CCC, asesinado también en un asalto en 2019. No llegó a estar un mes preso.

La vida en San Cayetano se torna cada vez más invivible. Hace un año, un violento tiroteo, filmado por un vecino puso al barrio en la mira de todo el país. Nada cambió desde entonces y, los que siguen pagando con su vida y su salud, siguen siendo los menores de edad.

 

 


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