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El emblemático y añoso árbol de la Escuela Sarmiento corre peligro de muerte

Las sarmientinas lo despiden con honores. Mañana, si el tiempo acompaña, se hará un poda drástica para tratar de reanimarlo.

Quién sabe desde cuándo estaría reteniendo su aliento enfermo. No quería que las alumnas supieran de su agonía. Por eso, el último viernes de marzo, esperó a que se fueran todas para dejar caer las hojas que ya no podía sostener. El sábado 24 la vicedirectora y otras profesoras entraron a la escuela a sacar unos carteles para la marcha de la Memoria y se encontraron con el colchón verde pardusco derramado alrededor del tronco centenario. El viejo San Antonio de la Escuela y Liceo Vocacional Sarmiento anticipaba su invierno y dejaba al desnudo sus ramas “huesudas”.

Marcela Estrada, que había quedado congelada en el centro del patio, con los carteles en las manos, supo que el ocaso estaba cerca. De inmediato recordó el diagnóstico del ingeniero agrónomo Daniel García Paulucci sobre la salud del árbol –que en realidad no es un San Antonio sino un gomero – : presenta un peligro para el alumnado, ya que puede caer en cualquier momento”. No había dudas de que el árbol había “comenzado a despedirse”, como asegura el experto.

Mañana, si no llueve, se hará la “poda de rejuvenecimiento” que no es otra cosa que una drástica reducción de su copa para alivianar el peso y evitar que se desplome. Sus raíces están muy débiles y ha perdido las hojas por las que se alimenta. Después de podarlo se le hará una terapia con nutrientes para fortalecerlo. “Si logra superar esta etapa podrá sobrevivir unos años más, pero como todo ser vivo, este árbol centenario ya ha cumplido su ciclo. Muchos otros de esta misma especie (Ficus retusa), plantados en la misma época, están en peor situación que este”, dice el experto. En consecuencia, sugiere que se vayan plantando los dos retoños del mismo árbol que hay en la escuela para su recambio generacional.

Abrazo de ramas

Las explicaciones sobre el fin natural de la vida no consuelan al alumnado ni a las ex alumnas. Ya se están organizando para darle los últimos homenajes en vida. Ayer por la tarde un grupo hacía una mateada alrededor del tronco. Hoy, a las 14.30, si el tiempo acompaña, las ex alumnas se reunirán en el patio para sacarse una foto. La directora, Eugenia Ruiz, ha dispuesto que cada grupo de escolares (incluidos los primeros varones del jardín de infantes) se tomen una fotografía frente al anciano ejemplar. También lo harán las profesoras por un lado, las jubiladas y el personal auxiliar, por el otro. Todo el material que se reúna conformará un libro sobre el San Antonio que quedará para la posteridad.

Las grandes ramas resultantes de la poda no irán en la basura, sino que se quedarán en la escuela en la forma de asientos y mesas para los chicos. De esa manera, la tradición de reunirse alrededor del árbol para conversar, jugar o compartir unos mates no se perderá.

Quién sabe desde cuándo estaría reteniendo su aliento enfermo. No quería que las alumnas supieran de su agonía. Por eso, el último viernes de marzo, esperó a que se fueran todas para dejar caer las hojas que ya no podía sostener. El sábado 24 la vicedirectora y otras profesoras entraron a la escuela a sacar unos carteles para la marcha de la Memoria y se encontraron con el colchón verde pardusco derramado alrededor del tronco centenario. El viejo San Antonio de la Escuela y Liceo Vocacional Sarmiento anticipaba su invierno y dejaba al desnudo sus ramas “huesudas”.

 

Abrazo de ramas

Las explicaciones sobre el fin natural de la vida no consuelan al alumnado ni a las ex alumnas. Ya se están organizando para darle los últimos homenajes en vida. Ayer por la tarde un grupo hacía una mateada alrededor del tronco. Hoy, a las 14.30, si el tiempo acompaña, las ex alumnas se reunirán en el patio para sacarse una foto. La directora, Eugenia Ruiz, ha dispuesto que cada grupo de escolares (incluidos los primeros varones del jardín de infantes) se tomen una fotografía frente al anciano ejemplar. También lo harán las profesoras por un lado, las jubiladas y el personal auxiliar, por el otro. Todo el material que se reúna conformará un libro sobre el San Antonio que quedará para la posteridad.

Las grandes ramas resultantes de la poda no irán en la basura, sino que se quedarán en la escuela en la forma de asientos y mesas para los chicos. De esa manera, la tradición de reunirse alrededor del árbol para conversar, jugar o compartir unos mates no se perderá.

Fuente: La Gaceta

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