País

Tiene cinco hijos, una con cáncer, y están a punto de quedar en la calle

Andrea Puebla habla con una sonrisa casi permanente. Y así cuenta que se fueron a esa casa que alquilan hace casi dos años porque los oncólogos que atendían a su hija Dámaris (17) le dijeron que no era adecuada la vivienda de adobe donde vivían.

Explica que recién consiguió un trabajo en marzo y que cobra con dos meses de atraso, por lo que debe casi un año de alquiler. Hace una pausa y dice que está esperando que llegue la orden de desalojo. Que no sabe a dónde van a ir ella y sus cinco hijos. Y recién entonces se quiebra.

La familia vivió cinco años en Puerto Madryn y volvió a Mendoza en 2013. En 2014, Dámaris, la segunda de los chicos, se cayó en la clase de gimnasia sobre su rodilla izquierda, que se le hinchó y le provocó un fuerte dolor. Cuando la llevaron al centro médico, le dijeron que tomara ibuprofeno y le colocaran calor (aunque Andrea optó por el frío para desinflamar).

Un tiempo después, volvió a caer sobre la misma rodilla mientras jugaba al fútbol en el colegio y como el dolor ya era muy intenso, la madre pidió la derivación al hospital Humberto Notti, donde tuvo que pasar la noche y esperar para conseguir turno. Cuando le hicieron una tomografía, descubrieron que había un sarcoma.

Calvario

Dámaris recibió siete sesiones de quimioterapia pero el tumor no respondió como esperaban, por lo que los médicos le amputaron la pierna doce días antes de quecumpliera los 15 años. Luego le administraron otras seis sesiones para terminar el tratamiento y desde setiembre de 2015 debe realizarse controles cada seis meses, hasta que cumpla los 20 años.

Durante este tiempo, el papá de los niños -además de Dámaris, Luis (19), Marcos (13), Nerina (12) y Valentina (10)- perdió su trabajo y dejó de enviar el salario familiar. Andrea vivía con sus hijos en la casa que perteneció a su abuela, en San José, una vivienda de adobe que se llovía. Pero cuando en 2016 un galpón se derrumbó y mató a una mujer con su hijo, la comuna de Guaymallén comenzó a solicitar la demolición de edificaciones precarias.

Puebla recibió una de estas notificaciones y debieron dejar la casa familiar, que fue derrumbada, para alquilar la que ocupan ahora. La mujer detalla que cambiaron el cableado eléctrico en cuanto se mudaron, que la tapa del pozo séptico en el patio está rota -el olor se percibe- y que no tienen gas natural, pero reconoce que no ha podido pagar el alquiler.

Hasta que consiguió una suplencia como celadora en la escuela de Dámaris, vivían de la pensión por discapacidad de la adolescente y de la venta de unos muñecos, colines y vinchas que cosía Andrea.

Ahora tiene un sueldo -aunque no sabe por cuánto tiempo seguirá con el reemplazo- pero no logra reunir el dinero para cancelar la deuda al dueño de la vivienda -que supera los 30 mil pesos- ni para los tres meses de un nuevo alquiler (tampoco tiene garantes).

Piensa que podría levantar una pequeña edificación en el terreno donde estaba la casa de su abuela, pero no puede afrontar la inversión. Y si bien acudió al municipio, como el predio no está a su nombre, le indicaron que no pueden ayudar en la tarea.

De ahí que Mercedes Carrión, vicepresidenta de la Asociación Tras-Pasar, que apoya la lucha contra el cáncer infantil, haya dado a conocer la situación, para ver si alguien puede colaborar. Quienes puedan aportar materiales y/o mano de obra para construir, pueden comunicarse con Andrea Puebla al 157- 158696.

Campaña

Dámaris Llanos fue, en diciembre de 2016, uno de los rostros de la campaña #PrenderTuEstrella, de Fundavita, que tiene como objetivo comprar un resonador magnético por imágenes para el hospital pediátrico Humberto Notti. Hacía poco que había terminado su tratamiento y aún llevaba un pañuelo en su cabeza, y el mismo tipo de sonrisa que su mamá.

Hoy dejó las muletas, se mueve con dos bastones y tiene que iniciar fisioterapia para aprender a caminar con la pierna ortopédica que compró -con ayuda de sus familiares- la directora de la escuela a la que asiste la joven. Es que la obra social que entonces tenía la familia nunca les dio una, por lo que la chica se moviliza sin este elemento desde hace dos años.

 

FUENTE: Los Andes

Etiquetas