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Buscan al enigmático “Señor K” por el contrabando de cocaína desde la Embajada de Rusia

Una banda liderada por este misterioso empresario e integrada por un Policía de la Ciudad envió 389 kilos de droga desde Recoleta hacia Moscú por vía diplomática.

El 5 de diciembre Mauricio Macri recibió al ex espía de la KGB y actual secretario del Consejo de Seguridad de la Federación Rusa, Nikolai Patrushev, en la Casa Rosada. Pocos sabían que el ex agente soviético cumplía una misión secreta.

En Moscú, una organización narco esperaba recibir 12 valijas con 389 kilos de cocaína. La carga viajó en el vuelo que llevaba a Patrushev de regreso a Rusia. Solo él y unos pocos investigadores sabían que la droga había sido reemplazada por harina por la Justicia. Todo terminó con cinco detenidos, entre ellos, un ex diplomático ruso y un policía de la Ciudad. Aunque el líder sigue prófugo: se trata del enigmático “Señor K”, un empresario ruso que viviría en Alemania y es buscado por Interpol.

La historia arrancó hace catorce meses y bien podría ser contada en una serie de Netflix. El 13 de diciembre de 2016, el embajador ruso en la Argentina, Viktor Koronelli, descubrió 12 valijas con droga en un depósito del “Colegio Adjunto de la Embajada”, ubicado en Posadas al 1600, en Recoleta. Antes de que el escándalo estallara, Koronelli le avisó a la ministra Bullrich, que esa noche fue al lugar con el jefe de Gendarmería, Gerardo Otero. Con la presencia del juez federal Julián Ercolini, entraron al lugar y analizaron el contenido de las valijas, que estaba envuelto en 360 panes etiquetados con una estrella. Eran 389,24 kilos de cocaína de “máxima pureza” valuados en 50 millones de euros en el mercado ruso.

Buscan al enigmático "Señor K" por el contrabando de cocaína desde la Embajada de Rusia

Las valijas que contenían droga

Los funcionarios decidieron incautar la droga pero continuar con la operación para dar con los miembros de la banda. Para eso, reemplazaron la cocaína con harina y la prepararon tal cual estaba en las valijas.

Todo tenía que ser durante la madrugada del 14 de diciembre y antes de las 6, cuando llegaba el personal de ordenanza. Según contó ayer la ministra en conferencia de prensa, un gendarme tuvo que ir en la madrugada al Mercado Central a comprar 400 kilos de harina. A las valijas les insertaron dispositivos de rastreo por GPS para seguirlas. Y en una oficina de la Gendarmería se instaló una central de monitoreo que mostraba las cámaras de la embajada.

“Argentina ya tenía el decomiso de la sustancia, la Gendarmería había logrado realizar exitosamente la operación, y comenzó entonces una tarea de investigación en espejo”, dijo Bullrich sobre el trabajo en conjunto con el Ministerio del Interior ruso.

La investigación, comandada por Ercolini, el fiscal federal Eduardo Taiano y el titular de la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar), Diego Iglesias, continuó con una táctica de “entrega vigilada”. Las escuchas telefónicas confirmaron que los traficantes querían sacar las valijas por la vía diplomática. Y ahí es donde apareció el “Señor K”, un presunto empresario ruso con aceitados contactos diplomáticos sindicado como el líder de la organización.

“K”, como aparece identificado en la causa, viviría en Alemania y tiene pedido de captura por parte de Rusia. La pantalla que usaba para traficar la droga era el comercio de bebidas alcohólicas exclusivas. El cargamento le pertenecería. Y no era la primera vez que hacía una operación así.

De acuerdo a uno de los expedientes a los que pudo acceder Clarín, “K” ya había logrado ingresar a Rusia al menos dos cargamentos similares. Creen que lo hizo vía Uruguay. Su principal socio en este millonario negocio era Ali Abyanov, que hasta el 2016 era el tesorero de la embajada. Todo se complicó cuando el funcionario se jubiló y volvió a Moscú.

La doble vida de Abyanov debió ser reemplazada por dos personas: su lugar en la embajada fue ocupado por Igor Rogov, que no tenía la confianza de su antecesor con el “Señor K”. Por eso, las tareas clandestinas de Abyanov fueron asumidas por Ivan Blizniouk (35), un subinspector de la Policía de la Ciudad, hijo de rusos, que trabajaba informalmente como personal de seguridad en la embajada.

El policía está señalado como el comprador de los 389 kilos de cocaína para “K” y encargado de la logística para guardar la droga en la embajada y planear el flete a Moscú. Para eso, y aprovechando sus contactos en la Policía y la diplomacia, habría organizado una capacitación de alrededor de 60 cadetes de la Policía de la Ciudad en Rusia con el objetivo de sacar la droga en el vuelo que los llevara.

El encargado de llevar las valijas hasta Ezeiza era Alexander Chikalo, un mecánico de nacionalidad rusa, que mantuvo varias llamadas con el policía y con “K”.

Blizniouk no sabía que era seguido de cerca. De hecho, fue fotografiado con en distintas oportunidades en encuentros en bares con el “Señor K”, que visitó el país tres veces.

Al enterarse del posible viaje con los cadetes, los investigadores avisaron a la Policía para que cortara cualquier posibilidad de que lo hicieran. Entonces, “K” comenzó a buscar alternativas. Contrató un avión privado por 380 mil euros en Letonia. Pero debía hacer escalas y lo descartó. Entonces volvió a las raíces: le pidió a Abyanov que solicitara la mudanza a Rusia de las pertenencias que le habían quedado en Buenos Aires.

Atento a la trama, el servicio de Seguridad ruso organizó entonces el viaje. Y puso en el avión a Patrushev, que vino el 5 de diciembre al país preparado para firmar memorandums de cooperación con las autoridades argentinas y, de paso, se llevó el señuelo de harina al regresar a su país, el 9 de diciembre. Las valijas fueron retiradas en Moscú el 13 de diciembre por Vladimir Kalmykoc e Ishtimir Kudzhamov, que fueron detenidos en el momento. En simultáneo, Abyanov fue capturado en su departamento. La operación se cerró con la captura de Bliniouk este miércoles en Ezeiza, cuando volvía de Roma junto a su esposa (su oficina en la escuela de Policía fue allanada), y de Chikalo, en Saavedra.

Fuente: Clarín 

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