Sociedad

Sin fondos para reparar, las grietas de la Iglesia San Francisco son cada vez más grandes

Siete columnas que sostienen el primer piso están agrietadas desde la base y la sacristía ya quedó inutilizada.

“Francisco, repara mi iglesia; ¿no ves que está en ruinas?” Nunca aquella frase fue tan literal como en los últimos años, a pesar de los grandes esfuerzos que se hicieron en la última década para rescatar una de las joyas más valiosas del patrimonio arquitectónico de Tucumán, el convento e iglesia de San Francisco. Hoy, en tiempos de derrumbes, las grietas del convento franciscano espeluznan la piel de los sacerdotes. Fray Fernando Lapierre mira las fracturas de las siete columnas del patio central del convento y saca una conclusión aterradora: “Si una sola cede, puede caer todo el primer piso, con la gravedad de que si sucumbe sobre la calle 25 de Mayo podría ser trágico, como ocurrió en el ex teatro Parravicini. Y si se derrumba hacia adentro, a lo sumo matará cuatro frailes”, ironiza.

Sin soltar el mate ni el termo, el guardián del templo recorre  el viejo edificio con construcciones de distintas épocas que van desde el año 1600 hasta principios del siglo XX. Sólo hay siete habitaciones habitables, otras 14 están en desuso por la humedad y por las grietas, aunque los techos y los cimientos están en perfecto estado, porque toda la parte estructural fue reparada entre la Dirección Nacional de Arquitectura y la Municipalidad de la capital con fondos de la Nación, en dos etapas anteriores que duraron ocho años.

“Ocurrió que durante la segunda etapa comenzaron a detectarse fisuras en columnas de ladrillos del claustro nuevo, en la galería este, que es el sector de dos plantas que da sobre calle 25 de Mayo. Se colocaron testigos, pero el deterioro y la profundidad de las grietas fue avanzando. Esto motivó que los arquitectos de la Dirección Nacional de Arquitectura realicen un informe y una propuesta de estudios profundos para que se tomen medidas de prevención. Pero todavía no hay respuesta por parte de las autoridades de la Nación”, explica.

La segunda etapa concluyó hace tres años. La reparación de la sacristía junto con la recuperación de las pinturas quedó pendiente para una tercera etapa que nunca comenzó ni se gestionaron los fondos.

El arquitecto Andrés Nicolini, de la Dirección de Arquitectura, explicó que convendría realizar una especie de tomografía para saber la gravedad de las grietas y según ese diagnóstico diseñar medidas de prevención. “Las grietas son tan profundas en algunos casos que llegan hasta el hierro interno, porque estas columnas se hicieron antes de que se comenzara a usar el cemento”, explica el padre Lapierre.

En concreto, lo que faltan son los fondos para realizar el diagnóstico y el trabajo posterior.

En el caso de las dos etapas anteriores la Municipalidad fue la que gestionó y consiguió los dineros de la Secretaría de Obras Públicas de la Nación. Para este caso, Luis Lobo Chaklián, subsecretario de Planificación Urbana de la intendencia capitalina, confirmó  que nadie solicitó a la Municipalidad el inicio de la tercera etapa ni el dinero para el diagnóstico.

En representación de la Comisión Nacional de Monumentos Nacionales, el delegado, arquitecto Ricardo Salim, explicó que los fondos para el mantenimiento de los monumentos nacionales, como San Francisco, deben surgir de la Nación. No hay un organismo específico, hay que buscar quién puede facilitarlos. Nuestra comisión no maneja fondos, sino que verifica que se haga la obra y se respete el patrimonio. Lo que pasó aquí es que se complicó porque hubo un cambio de autoridades en la Dirección Nacional de Arquitectura”, señaló.

Lo cierto es que desde enero de 2015 equipos técnicos de la Dirección Nacional de Arquitectura y de Monumentos Nacionales comenzaron a mandar a la Nación los primeros informes y estudios de apuntalamiento, a los que luego se añadieron presupuesto para estudios radiográficos computarizados. Todavía no hay respuesta. Mientras tanto las grietas claman, se abren, arrasan con pinturas que son del patrimonio nacional, pero sobre todo, avisan. Y nadie las escucha.

Fuente: La Gaceta