Política

En Tucumán la Cámpora se reorganiza, pero con menos gente

Luego de los comicios de 2015, la organización “K” sufrió una diáspora de dirigentes, que migraron a otras agrupaciones políticas La salida del kirchnerismo del poder desacomodó al espacio.

Andrés “El Cuervo” Larroque se bajaba del colectivo que lo traía de Buenos Aires en la Terminal y de ahí se subía al viejo auto de Jesús Salim. Por ciudades y pueblos, junto con otros dirigentes tucumanos, rastreaban a jóvenes que se destacaban en la política, la cultura o el deporte. Esta anécdota es una de las que cuenta cómo, a pulmón, comenzó La Cámpora en Tucumán y en el NOA. Al menos, así lo recuerda el propio Salim quien fue el secretario general de la agrupación.

La agrupación ultrakirchnerista nació en 2006, durante el gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007), pero tomó fuerza y cobró más visibilidad en la provincia en 2010, tras la muerte del entonces ex presidente.

Poco a poco, sus miembros fueron ganando espacio en los actos políticos, en las oficinas estatales de organismos nacionales y en las listas de candidatos del peronismo local. La asociación con otras organizaciones juveniles ideológicamente afines la alimentó y fortaleció.

Los detractores -dentro y fuera del justicialismo- no tardaron en aparecer: hablaban de “militancia rentada” y de la falta de “territorio”. Tampoco los adherentes, que destacaban el resurgir del interés de los jóvenes en la política y en las banderas de la justicia social.

En su mejor momento, en el país sus miembros sumaron alrededor de 60.000. De ellos, entre 600 y 800 militaban en Tucumán. El número se multiplicaba durante las movilizaciones. Unos 70 de esos dirigentes, además, prestaron funciones en diversas áreas del Estado nacional.

El 2015 electoral, sin embargo, golpeó a la estructura local: la mayoría de los dirigentes reconocidos eligió otros espacios kirchneristas para seguir sus carreras y los militantes activos de La Cámpora se redujeron a 200.

Diversos desacuerdos en la mesa de conducción hicieron tambalear el armado tras los comicios provinciales y nacionales. Parte de sus miembros migraron y conforman agrupaciones como Podemos (acople que en 2015 reunió 20.000 votos en la elección provincial), Unidad Tucumana, Unidad Ciudadana o la Multisectorial 21F. La Cámpora también conforma algunos de esas formaciones.

“Molestar”

“Sentimos que el poder político que se interpelaba se vio invadido y amenazado. La relación con el peronismo más tradicional fue una tensa convivencia, pero de respeto”, reflexionó Salim. El ex legislador se distanció de la organización y integra Unidad Ciudadana, que lleva el nombre del partido por el que fue electa senadora la ex presidenta Cristina Fernández en 2015; y que está integrado por varias organizaciones locales.

Efectuó una autocrítica, sobre todo, en relación a los dirigentes, que no pudieron ponerse de acuerdo en cómo seguir tras el cambio de Gobierno en la Casa Rosada. También reconoció que les jugó en contra haber sido tan “cerrados”, en vez de buscar el consenso y el acercamiento.

El ex legislador rechazó los prejuicios sobre los militantes: “hay una inoculación de una idea de estigmatización de los espacios políticos que adhieren a lo nacional y popular. La Cámpora molesta a la política tradicional”.

Según Salim, La Cámpora está lejos de desaparecer. “El nacimiento de la organización es cuando Cristina deja el poder. Es un desafío. Vamos a demostrar algo distinto”, proyectó.

Si bien en las últimas elecciones legislativas la ex diputada camporista Mabel Carrizo -esposa de Salim- tuvo un lugar como suplente en la lista del oficialismo provincial, la relación con el Gobierno no pasa por el mejor momento. El titular de la agrupación, el diputado Marcelo Santillán, se mostró disconforme con el apoyo que el gobernador Juan Manzur dio a iniciativas del macrismo. “Institucionalmente no hablo con el gobernador desde los ‘Fondos Buitre’. A él no le gusta que alguien piense distinto a lo que él quiere pensar. Pero uno mantienen la claridad en función del compromiso con el electorado: defender los intereses de los tucumanos. Esa es nuestra función en el Congreso”, afirmó en “Buen Día”, el informativo de la mañana de LGPlay.

Graficó que La Cámpora es una organización importante del “campo popular” que trabaja en conjunto con otras como Nuevo Encuentro o Kolina ¿Hay un antes y después de La Cámpora a partir de 2015? “Hay situaciones que cambian por la coyunturas. El compromiso y la militancia son claros”.

Pese a las diferencias que mantienen, las diferentes ramas kirchneristas buscan unirse con vistas a 2019.

Vereda del frente

El diputado José Orellana fue uno de los mayores detractores de la agrupación kirchnerista. Sucede que Salim y Carrizo son oriundos de Famaillá, al igual que él, y las internas en el municipio fueron profundas. “La Cámpora era un sector que confrontaba mucho y que excluía. Hacían uso excesivo del poder e iban contra compañeros de valía del peronismo. Más allá de haber construido ideales, lo hizo desde el poder. Y cuando se terminó, se quedó sin nada. Fueron protagonistas pero no supieron construir una política que los mantuviera en el tiempo”, opinó el “Mellizo”.

El ex senador Sergio Mansilla fue otro de los referentes peronistas que se resistió a las formas de La Cámpora. “Es un grupo cerrado y un lugar donde se accedía privilegiadamente, tenías que ser joven y con poca militancia”, caracterizó. Si bien destacó a dirigentes como Salim y la lealtad de los militantes con el kirchnerismo, repudió la manera en la que participaron en el armado de las nóminas de candidatos. “Primero te sugerían y si pasaba el tiempo y no vislumbraban los lugares que querían, operaban de otra forma. Llamaban 10 días antes de las elecciones. Primero te sugerían y después no digo que había aprietes, sino sugerencias fuertes. En Tucumán, la gente votaba gestión más allá de los candidatos, pero nos costó electoralmente. Yo era presidente de la Junta y llevaba las listas del PJ, tuvimos que retirarlas. La que recuerdo es la de Juan Antonio Ruiz Olivares, se lo reemplazó por Salim”, ejemplificó.

Remarcó que dirigentes camporistas ocuparon el 90% de los cargos nacionales locales y que en los actos de los que participaba la ex Presidenta tenían espacios privilegiados.

Dentro y fuera

Tanto los que se quedaron como los que se fueron subrayan que en La Cámpora aprendieron sobre lealtad, militancia y, sobre todo, acerca de la política. Nicolás Arévalo, de 27 años, lleva y trae platos en el comedor San Nicolás, de Río Seco. El joven camporista fue candidato a comisionado comunal durante 2015 y, junto con su familia, colabora con los vecinos.

“Aprendí que muchas cuestiones pasan por las decisiones políticas y que las transformaciones se logran mediante la política. Se interpreta que La Cámpora era una superestructura, pero teníamos que poner la mano para ayudar al otro”, afirmó. Y consignó que llegaron a tener muchos militantes; algunos con fuertes convicciones y otros, con no tantas. “Con el cambio de Gobierno, algunos decidieron desaparecer de la militancia”, lamentó.

Paula Aráoz, de 21 años, se alejó de La Cámpora, donde había comenzado a militar en el secundario. Actualmente, forma parte de La Bolívar, una agrupación universitaria que tiene ideales en común.

“Los militantes teníamos instancias de formación y nos hizo acercarnos a la política como herramienta de transformación. Celebro que se den en La Cámpora discusiones que antes no se daban porque quizás no había tiempo, porque había que salir a bancar las políticas públicas”, consignó. La joven estudiante de la UNT consideró que la sangría en la organización se debe, en parte, a los referentes. “Se deben una autocrítica sobre los intereses que priorizaron. Lo que pasó después de 2015 fue el resultado de eso: hubo un bache”, explicó.

Fuente: La Gaceta