País

55 puntos y cuatro puñaladas el diagnóstico luego del asalto a una mujer

Hay secuencias de la historia que estremecen y dejan paralizado a quien la escucha o lee.

Una es cuando el delincuente tomó de la cabeza a la mujer y comenzó a golpearla una y otra vez contra el vidrio de una puerta.

Otra, cuando el agresor sujetó una llave inglesa y empezó a pegarle, principalmente en la sien.

Otro momento terrible fue cuando, fuera de sí, el sujeto tomó una cuchilla y ella, con tal de enfrentarlo y defenderse, llegó a apretar la filosa hoja con sus dos manos.

Elsa Núñez, ahora, no puede conciliar el sueño.

En parte, por los dolores y molestias que perduran, pese a los calmantes, tras las graves heridas que recibió en carne propia.

Pero principalmente por el trauma que le quedó tras el violento asalto que sufrió, el martes último a la mañana, en su casa de barrio Las Margaritas, en la zona norte de la ciudad de Córdoba.

Las secuencias de espanto vuelven una y otra vez a su mente.

Fue asaltada por al menos un delincuente que era miembro de la misma banda que, el viernes anterior, ya había entrado a robar en la misma casa.

Lo increíble es que ambos episodios sucedieron a la mañana. A plena luz del día en una zona más que bien transitada.

El grupo estaba detrás de un dinero obtenido por Elsa y su esposo, Víctor Luján, tras la venta de la propiedad.

La familia tenía pensado irse de ese domicilio detrás de un sueño de progreso. Ahora, lo harán angustiados y abatidos por haber perdido la tranquilidad.

“Casi matan a mi esposa. No queremos saber más nada con vivir acá. Por suerte, ella se salvó y la tengo en casa. Pero nos vamos. Pero da bronca, porque nos quedamos con muy poco… Nosotros no somos adinerados, somos laburantes”, expresaba ayer Luján, frente a su domicilio.

La bronca y el dolor se traslucían en el rostro de este hombre, quien hacía fuerza para no llorar de tanta impotencia.

Tanto era su miedo que pidió no salir en ninguna foto. “Por suerte, no estaban mis hijos presentes, pero a mi esposa por poco no la matan. El tipo fue un sádico”, agrega el hombre, quien se gana la vida como chofer en el Gobierno.

El domicilio está en calle Facundo Quiroga al 2700, a pocas cuadras de la comisaría 40ª.

Los vecinos aseguran que los asaltos contra domicilios y los arrebatos callejeros son cosas de todos los días y a cualquier hora. Algunos aseguraban ayer que, tras los dos robos a la familia Luján, los móviles volvieron a patrullar.

Dos ataques en cuatro días

Eran casi las 8.30 de la mañana del viernes cuando, a patadas, la banda entró a la casa de los Luján. Nadie vio o escuchó algo.

Quizá la explicación haya que buscarla en que, a esa hora, la mayor parte del vecindario ya se había ido a trabajar o a estudiar.

Los ladrones entraron y, tras dar vuelta un poco la casa, hallaron unos 18 mil pesos y partieron. El grupo buscaba un dinero de una operación de la familia.

A los delincuentes no les conformó el botín. Por eso, decidieron volver cuatro días después.

El reloj había marcado las 10.30 de este martes, cuando alguien tocó el timbre de la casa de paredes blancas y rejas negras. Elsa abrió y se topó con una mano que le sujetó el rostro y la empujó.

“¡Date vuelta, no me mirés! ¡Dame la guita! ¡Dame la guita! ¿¡Dónde está la plata!? ¡Date vuelta!”, empezó a gritar el delincuente, completamente fuera de sí.

La mujer relataría luego que el sujeto estaba solo y que no iba armado.

Elsa intentó defenderse y manoteó una cuchilla, la que fue rápidamente arrebatada por el ladrón.

La mujer fue obligada a ponerse de espaldas. El atacante no quería que le viera el rostro.

Ni el esposo ni los dos hijos estaban en casa.

“La tomó desde atrás y comenzó a darle puntazos con esa cuchilla, mientras le exigía la plata. La tajeó varias veces. Y hasta le dio cuatro puñaladas”, cuenta el hombre, con total impotencia.

Durante el asalto, el delincuente no paró nunca de exigir dinero.

Ya en la pieza, le siguió pegando y le dio unas pastillas que encontró, con la intención de que se durmiera.

Lejos de calmarse, Elsa saltó a enfrentarlo. “Mi mujer se resistió como una fiera. Se enfrentó a él, pero el tipo le pegó peor. Llegó a darle con una llave inglesa en la sien”, indicó su marido.

En el Hospital de Urgencias le practicaron 55 puntos de sutura, le curaron cuatro puñaladas y algunas fracturas y cortes en las manos; además de salvarle y vendarle el ojo izquierdo, producto de un severísimo golpe.

“Casi la matan… Por suerte, ya la tengo en casa. Es el consuelo. Pero nos vamos de acá”, dice Luján, antes de cerrar la puerta.

El hombre hace fuerza para no salir a buscar él mismo a los ladrones: “La Policía me prometió que los van a agarrar…”.

Fuente: La Voz