Sociedad

El magistrado Li Rosi, que disertará hoy en esta ciudad, pide por la libertad de prensa

Ser tábanos imprescindibles para el bienestar de la república: el magistrado porteño Ricardo Li Rosi asegura que este es el rol encomendado a la judicatura y a la prensa. “Jueces y periodistas somos molestos, si se quiere, porque controlamos a los poderosos”, dice en una conversación telefónica sostenida este miércoles. Hoy a partir de las 16, el camarista Li Rosi; Claudia Sbdar, vocal de la Corte Suprema de Justicia de Tucumán; el abogado constitucionalista Gregorio Badeni y Daniel Dessein, presidente de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas reflexionarán sobre la libertad de prensa y los Tribunales en el Centro de Especialización y Capacitación Judicial (calle La Madrid 420, 1° piso), en lo que constituye un encuentro pionero en el país.

Li Rosi, que lleva 28 años ejerciendo la magistratura y que fue alumno de Badeni en 1979, reivindica que su trabajo implica dos cuestiones fundamentales: hacer justicia en el caso concreto y ejercitar el control de constitucionalidad. “Y en esta segunda función de carácter institucional tenemos algo en común con la prensa porque, en definitiva, ambos estamos llamados a poner límites a quienes ejercen el poder. Esta tarea ocasiona, a veces, alguna dificultad, molestia e ingratitud, pero para eso estamos: es el papel que nos toca a los fines de salvaguardar la república”, opina el camarista civil.

-Así como los jueces son inamovibles y gozan de la intangibilidad salarial, la prensa dispone de una protección especial para poder cumplir la tarea de control que usted señaló. ¿Cree que en la Justicia existe una comprensión cabal de la importancia de esta tutela?

-La gran mayoría de los jueces entiende el rol del periodismo. La prensa libre asegura que la ciudadanía pueda ejercer el juicio crítico sobre los actos de gobierno. Ello difícilmente podría suceder si esa prensa dependiese del poder político. La función de la judicatura es garantizar que ese mecanismo funcione mediante la protección adecuada de la libertad de prensa, pero no por los periodistas, sino por la ciudadanía que, para ejercer sus derechos, debe acceder a la información y a la opinión. Es decir, el ciudadano tiene que poder tomar contacto con los hechos y con la visión que de esos hechos tiene quien informa. No hay que confundir el ejercicio de la prensa con cualquier otra actividad porque la prensa posee una función de relevancia institucional que otras actividades no tienen. Y nosotros, los jueces, no podemos desconocer esta circunstancia. Eso no significa extender al periodismo un bill de indemnidad, sino que hay que entender cómo funciona el sistema y que este ha sido establecido en beneficio de la sociedad. Por eso la libertad de la prensa y la independencia de la Justicia son como dos caras de la misma moneda porque ambas resultan esenciales para la salud de la república.

-Esta alianza tácita, ¿se ha visto dañada por los ataques que la prensa y los jueces autónomos recibieron en el pasado reciente?

-La independencia del juez y del periodista puede llegar a afectar al Gobierno. Hay que convivir con esa tensión: no debemos ponernos mal ni alterarnos.

-Y desde luego también sucede que los periodistas, en el ejercicio de su libertad de expresión, critican a los jueces, que forman parte de un poder del Estado. ¿Cómo debe reaccionar la magistratura frente a ese escrutinio?

-Los jueces estamos obligados a ejercer nuestro rol con independencia de simpatías, amistades y enemistades. Si nos subordináramos a esas cuestiones, estaríamos perdidos. No podemos manejarnos con sentimientos ajenos a la imparcialidad. Y necesitamos abstraernos de los estilos: ¿cuántas veces disentimos sobre las formas? Pero, desde luego, no debemos juzgar estilos.

-En el último tiempo, la prensa argentina ha redoblado su mirada crítica sobre la magistratura, en particular, la que interviene en los casos de corrupción o relativos al uso indebido del Estado. ¿Qué opina de este movimiento?

-Los jueces formamos parte del gobierno de la república. Somos la fracción no política, por ende, estamos sometidos a la crítica. Ningún juez podría ofenderse ni molestarse por ser cuestionado por sus fallos y decisiones. Insisto, hay que saber convivir con eso. En lo que respecta al funcionamiento general de la Justicia, evidentemente existe un clamor social favorable a la reforma y modernización de ciertos aspectos institucionales y conductas. La sociedad pide una transparencia que le dé tranquilidad sobre lo que sucede en los Tribunales. Nadie puede enojarse por eso. Es bueno y sano que la gente sepa qué pasa en el Poder Judicial.

-En definitiva, usted advierte una oportunidad para el crecimiento institucional.

-Por supuesto. Qué duda cabe de que la prensa libre ayuda a la Justicia, por ejemplo, cuando investiga sobre los candidatos a juez. Es lógico que el pueblo quiera saber y conocer quiénes son los depositarios de valores tan importantes para el presente y el futuro de la sociedad. Tenemos que asegurarnos que el aspirante sea independiente e idóneo porque, luego, ese magistrado cumplirá las funciones de hacer justicia en el caso concreto y de controlar la constitucionalidad de los actos del poder. Nadie puede sentirse herido ni mortificado porque ello sea así. Mis sentencias han recibido críticas y nunca se me ocurrió llamar a nadie para transmitir mi enojo. Los jueces debemos saber que estamos expuestos al comentario de la sociedad a la que servimos.

-¿En qué medida las redes sociales han reconfigurado el derecho a la libertad de expresión?

-Las modificaciones tecnológicas inimaginables 20 años atrás, que, además, ocurren con un vértigo enorme, forman parte de la realidad con la que nos toca convivir. No hay que confundir el uso de las redes sociales que hace el público y es legítimo con el periodismo que asume la responsabilidad plena respecto de sus manifestaciones. En las redes sociales, muchas veces las peores cosas se dicen en el anonimato, circunstancia que estimula la canallada de gente de baja moral. De todos modos, es un poder que existe y que hay que aprender a usar. Los padres deben educar a sus hijos para la utilización correcta de las redes sociales. Sabemos de casos en los que se ha sacrificado toda vida privada para montar un espectáculo, pero la audiencia debe saber que el que emite esa información no es necesariamente un periodista: no está sometido a las reglas éticas del oficio ni ha chequeado la información que reproduce. ¿Tiene derecho a opinar en esas condiciones? Sí. ¿Se puede confiar en las redes sociales? No siempre.

Fuente: La Gaceta


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