Sociedad

Para Franklin Adler a las cloacas hay que hacerlas de nuevo

VEHEMENCIA. Adler pretende generar conciencia en los políticos. “Tienen la responsabilidad de cuidar el agua, uno de los recursos naturales más valiosos de la humanidad”. La Gaceta / Foto de Inés Quinteros Orio.

Primero contesta que no quiere hablar. Dice que se ha llamado a sí mismo al silencio. Explica que a los gobernantes nada les hace mella. “No hay voluntad”, prosigue. Al rato, manda un mensaje por WhatsApp: “le voy a aportar un par de conceptos que deben ser difundidos”.

Franklin Adler (75 años) es ingeniero civil y especialista en hidráulica. Y asegura que, en esta provincia, en vez de llevar los beneficios del saneamiento cloacal a amplios sectores de la población, sus responsables acabaron transformándolo en una condena.

Aguas cloacales que se escurren por las calles. Ciudadanos que andan pisándolas. Vehículos que, con sus ruedas, las introducen en las casas. Olores pestilentes. Adler se pregunta cómo es posible que esa insalubridad se haya transformado en una situación común. “Un constructor de cloacas debe respetar las reglas de arte ancestrales de colocación de tuberías. Eso es lo que no hicieron”, afirma.

Un experto

El experto fue jefe de proyectos en la ex empresa estatal “Agua y Energía Eléctrica” y docente en la Universidad Nacional de Tucumán. Desarrolló obras hidráulicas en diversas regiones del país. Hace poco publicó un libro denominado “El futuro del agua en Tucumán”.

En ese texto plantea que los problemas ambientales vinculados al agua, como los vertidos cloacales o las inundaciones, reciben, desde el ámbito político, un tratamiento puramente declamatorio. Enseguida justifica esa aseveración al sostener que la Sociedad Aguas del Tucumán (SAT) -la empresa proveedora del servicio de aguas y cloacas- menciona en sus discursos, frecuentemente, la existencia de un plan estratégico. “Jamás ha sido publicado”, dice.

-¿Por qué en Tucumán hay tantas pérdidas?

-Una zona ilustrativa del vertido de líquidos en las calles es Yerba Buena. Pese a que se trata de una ciudad residencial, abundan las aguas potables o de cloacas. En el primero de los casos, provienen de cañerías que se encuentran rotas por su vejez, principalmente. Cuando se trata de aguas excretas, puede deberse a dos razones: a que las cañerías han sido superadas en su capacidad o a que están mal hechas.

-¿A qué se refiere con mal hechas?

-Las cloacas que se construyeron durante la década kirchnerista fueron adjudicadas, en su mayoría, a numerosas cooperativas, a través del plan “Cloacas más Trabajo”. El Estado proveía las tuberías y los obreros, que habían sido apenas capacitados, las colocaban. El resultado fue calamitoso. La SAT controló muy poco. Toleró lo intolerable. Y las obras comenzaron a fallar a poco de haber sido inauguradas. Eso fue un rasgo común, asimismo, en las obras ejecutadas por empresas privadas. Mostraron una absoluta falta de respeto a las reglas de la ingeniería.

-¿Por qué carga las tintas sobre el período kirchnerista?

-No se debe a una posición ideológica. Nunca antes se hizo tanto en nuestra provincia en materia de saneamiento. Pero nunca antes se había hecho todo tan mal.

-¿Cuáles son esas reglas básicas a las que se refiere?

-Los tendidos funcionan adecuadamente cuando se respetan algunas normas, como darles pendiente a las tuberías, apoyarlas sobre un piso compacto o colocar empalmes adecuados en las cámaras de inspección. Estos procedimientos rigen desde que la humanidad comenzó a usar cloacas por tuberías. Lo único que ha ido cambiando, con el paso del tiempo, es el material de los tubos.

-¿Qué pasa cuándo las cañerías no tienen pendiente, por ejemplo?

-Las consecuencias están a la vista. Al poco tiempo de haber sido habilitadas, esas cloacas comenzaron a obstruirse, a acumular presión, a desbordar por las cámaras y a aflorar. En una obra bien proyectada y ejecutada, eso es esperable sólo en casos excepcionales. Y luego de varias décadas de funcionamiento.

-¿Se pueden reducir las pérdidas?

-Lo más grave es que la única solución es rehacer las obras en una gran proporción. Las cloacas no pueden interrumpirse para efectuarles reparaciones o correcciones, como sí se puede hacer con las cañerías de agua potable o de gas. Como esa opción es altamente improbable que sea asumida por los políticos, es de esperar que las aguas excretas vayan a quedarse.

-¿Dónde está el despilfarro?

-Para afrontar los numerosos problemas de obstrucciones, la SAT tiene que contratar, permanentemente, camiones desobstructores. Eso significa un gasto inncesario, que pudo haberse evitado si se hacían las cosas bien. Una muestra de la degradación de la calidad del Estado en Tucumán.

-¿Y qué ocurre con las fugas de agua potable?

-En el caso de estas redes, los arreglos son viables. Pero, aún así, la SAT no se hace cargo. No hay una decisión política en esa dirección. Es bastante inexplicable, siendo que el abastecimiento de agua a la población es un tema altamente sensible y de rédito electoralista.

-¿Cuáles son los componentes del sistema cloacal?

-El proceso completo de evacuación comprende las redes de conexiones domiciliarias, los grandes colectores, las plantas de tratamiento y la entrega a cuerpos receptores como ríos, lagos y mares. El tratamiento es clave para reintegrar las aguas en condiciones de baja contaminación. Pero una característica de los servicios de cloacas tucumanos es la escasa proporción de efluentes que son tratados.

-Llegado a este punto, usted plantea otro aspecto: el reciclaje de las aguas usadas.

-Si bien existen algunas plantas, el proceso que se realiza es parcial. Y tiene un importante grado de abandono y de falta de mantenimiento. Incluso, si se rehabilitaran todas las plantas, el tratamiento representaría un porcentaje apenas mayor al 20% del total de aguas cloacales que se vierten a la cuenca del río Salí.

-¿Qué puede esperarse para el futuro?

– Analizar esta problemática lleva a conclusiones muchas veces críticas sobre el accionar de los gobiernos. Esto es inevitable, puesto que el manejo del agua es materia de Estado. No deseo ningún protagonismo. Sólo me interesa que se divulguen mis pronósticos, a pesar de su carácter sombrío. Aspiro a que, cuando la gente tome conciencia de la gravedad de la situación, surjan caminos para recuperar la racionalidad en el manejo de nuestro destino ambiental.

FUENTE: La Gaceta