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Con ayuda de nietos y compañeros, brilló en el secundario y fue primera escolta

Cuando tenía 15 debió salir a trabajar y no pudo completar sus estudios, pero tuvo su oportunidad a los 72.

“Ya la anoté. Mañana la esperan para comenzar el secundario”. Sin rodeos, contundente; Carina sorprendió con esa frase una tarde de 2015 a su suegra, Teresita Reinoso. “¡Estás loca!. ¿Qué voy a ir a la escuela con 72 años?, ¡Voy a ser la más vieja!”, fue la respuesta de Tere en ese momento a su nuera, quien había egresado como abanderada.

El último jueves de junio de este año, con 75 años, Teresita egresó con un promedio sobresaliente del CENS 3-483 de Rodeo de la Cruz en Mendoza, con el Bachillerato en Educación completado y siendo nada más y nada menos que primera escolta de la bandera nacional en el establecimiento.

“Era una asignatura pendiente. Cuando terminé la primaria -en la escuela Rawson de Godoy Cruz-, no pude seguir estudiando porque mi mamá enviudó muy joven (yo tenía 6 años y mi hermana 6 meses). A los 15 años tuve que salir a trabajar y empecé en el comercio. Lo único que tenía era un curso de dactilografía y nada más. Pero la idea de querer terminar mis estudios siempre la tuve”, resumió la mujer en el living de la casa de Cintia, una de sus hijas.

Al menos de forma inmediata, no está en los planes de Teresita continuar con los estudios universitarios (“me queda bastante lejos la universidad de Rodeo de la Cruz”, se excusó). Sin embargo, no descarta más adelante poder seguir -incluso por internet, a distancia- y hasta se ve a sí misma con un título de grado. “Si pudiese, me gustaría seguir el profesorado de Lengua y literatura”, contó entusiasmada la mujer, que vive en el barrio La Palaya de ese distrito guaymallino (a dos cuadras del establecimiento). De hecho, su profesora de literatura en el CENS -Andrea Yacante- es quien más la ha incentivado para que haga el intento de seguir estudiando.

“He tenido mucha contención y ayuda. De profesores, del director, de los celadores, de las preceptoras y de todos mis compañeros. A la gente que esté en mi lugar, que sea grande y no haya podido completar sus estudios; le diría que lo intente. Porque es algo hermoso, y nunca hay que bajar los brazos”, resumió Teresita quien -además- debió afrontar una dura adversidad mientras estudiaba: la muerte de su esposo en marzo de este año.

Estudiosa

Teresita no logra ocultar su felicidad -ni tampoco intenta hacerlo-. Rodeada de sus nietos, la mujer aprovecha sus vacaciones y las de los niños -como cualquier estudiantes- en la casa de su hija. En sus manos muestra -orgullosa- su impecable libreta de calificaciones, el certificado de fin de estudios y el que le entregaron tras ser elegida Mejor compañera. “Este es uno de los mejores reconocimientos que me hicieron en la escuela”, acotó sobre el último de los papeles descriptos.

“Tuve mucha gente que me ayudó y me acompañó. Ella es Alejandra, que tiene 60 y estudió conmigo. Ella es Cecilia Manzanares, también una gran compañera”, enumeró mientras repasaba y señalaba una foto del curso.

Desde el segundo día de cursado, para Teresita se hizo una costumbre ser la encargada -antes de cada clase- de escribir en el pizarrón el nombre de la materia y la fecha. “Un día llegó un profesor de inglés nuevo y estaba por escribir ‘English’, pero lo interrumpí y le dije que yo era la encargada de eso. ‘El pizarrón es mío’, le dije y todos nos reímos. Lo hice hasta el último día de clases”, recordó la mujer.

Precisamente inglés fue la materia que más le costó en estos 3 años a Reinoso. “Aprovechaba y me ponía a estudiar con mi nieta Guada, ella me ayudaba y era mi profesora auxiliar”, agregó entre risas, mirando de reojo a su “profe”, su hermano mellizo Lucas (ambos de 9 años) y a Camila (8).

Los niños, mientras tanto, no dejaban de filmar y fotografiar a su abuela mientras conversaba con Los Andes. “Estamos muy contentos, y ella es un ejemplo”, resumieron los chicos. “Me jubilé para poder estar con mis nietos”, retrucó Teresita casi en el acto.

Sus años trabajando en el comercio la llevaron a aprender las cosas más básicas de matemáticas, como por ejemplo la regla de 3 simple o de estadísticas. Sin embargo, nunca había escuchado hablar de polinomios, al menos hasta que comenzó el CENS. “También me costó mucho”, dijo.

“Todos fueron buenos momentos. El primer año fue más difícil, sobre todo porque tenía el fin de la primaria muy lejos en el tiempo. Pero todos me ayudaron mucho”, agregó emocionada.

Fuente: Los Andes