País

Se multiplica el uso de falsos stickers de discapacitados

Cristian es un mentiroso serial. Miente cada vez que abre la boca. Miente cuando dice que es el encargado de trasladar a un chico con retraso madurativo; miente cuando asegura que no obtiene ningún beneficio extra al colocar en el parabrisas de su auto el famosísimo símbolo de una persona en silla de ruedas; miente cuando jura que no conoce al dueño del vehículo que está estacionado a pocos metros del suyo y que curiosamente tiene el mismo número de certificado que él exhibe en su propio rodado.

El segundo paso para el engaño fue todavía más fácil: Cristian le pidió a su hermano Waldo -socio en su oficio de destapar cañerías- que plastificara el papel que había sustraído, registrado en la Agencia Nacional de Discapacidad con el número 129521. Unos strickers azules y blancos bajados de Internet completaron la burda maniobra. Y así fue como en pocas horas obtuvieron dos carteles relucientes que enseguida empezaron a usar en sus autos para estacionar en lugares indebidos y evitar multas.
Por todo esto, cuando Cristian Bravo tuvo que enfrentarse con el equipo de Telefe Noticias Documenta que le mostraba sus irregularidades, no le quedó otra que hacer lo que le sale mejor: mentir. Aunque lo paralizó un súbito sentimiento de vergüenza ajena, no logró justificar su accionar. Pero el caso de los hermanos Bravo está lejos de ser el único; hay tantos “modus operandi” como certificados fraguados.

El Certificado Único de Discapacidad (CUD) es usado para obtener la cobertura integral de salud y medicación y también para tramitar el botín más preciado por los integrantes de la Argentina trucha: el Símbolo Internacional de Acceso, que otorga el derecho al libre tránsito y estacionamiento.

Los derechos de los individuos que disponen de los símbolos de acceso están contemplados por la Ley nacional 19.279 y por la Ley de la Ciudad 2.148. Sin embargo -como suele suceder en nuestras latitudes-, hecha la ley, hecha la trampa.

Fuente: La Nación