Sociedad

Santiago al 1.900: el drama de vivir con líquidos cloacales en las calles

Reclaman a la SAT el arreglo de una colectora cloacal pero hasta ahora no tienen respuesta. La empresa dice que no tiene dinero suficiente.

No es un secreto que muchos vecinos de los barrios de la capital reniegan hace tiempo a causa de los derrames y pérdidas cloacales que inundan las calles de malos olores, aguas servidas y constituyen un foco infeccioso que puede causar más de una enfermedad.

Santiago del Estero y pasaje Félix Frías, frente a la plaza Bernardo de Irigoyen. En esa esquina está rota una colectora cloacal y el derrame se ha convertido en una suerte de cascada de aguas servidas y malolientes que se escurre por Santiago del Estero hasta la calle Alberti.

“Llamamos a la SAT y nos respondieron que no está trancado el sistema cloacal sino que los caños están rotos y que ellos no tienen dinero para costear el material para repararlo… Esta situación lleva más de seis meses”, comenta Mery Fernández, una vecina del frente a la plaza. “No deja de salir agua nunca … está re baboso el pavimento y hubo muchos accidentes. Los que van en moto o bicicleta tienen que pasar con mucho cuidado. Ya sucedió que se cayeron encima del agua maloliente”, agrega.

“Firmamos una nota todos los vecinos y la llevamos a la SAT. Pero sigue todo igual. El olor es tremendo, tengo que estar encerrada en mi casa porque comer con ese hedor es una tortura; lo peor es que no se va en ningún momento del día”, se queja Claudia Molina. “Hay otros problemas a causa del agua en la calle. Los motociclistas, para no ensuciarse, se suben a las veredas o cruzan por la plaza, lo que implica un peligro para todos”, relata.

Al igual que Mery y Claudia, Beatriz Buchi enumera las consecuencias que trae ese “río” que se formó en la calle Santiago al 1.900. Describe los infortunios que debe soportar cada vez que llueve porque el agua brota dentro de su casa por los resumideros. “Hace un año me jubilé y empecé a estar más tiempo en casa… es insoportable el olor. Cuando llueve, las calles se convierten en ríos y la salida del agua en donde está la pérdida colapsa y empieza a salir por los resumideros, inundando las casas. Es muy desagradable”, detalla.

“Hicimos notas, denuncias, reclamos telefónicos y no pasó nada. Arreglaron la otra esquina, pasaron por esta, miraron y no volvieron más. Primero, la justificación era que estaba muy alto el pasto en donde está la pérdida y por eso no podían revisar. Corté el pasto, ya creció de nuevo y ellos ni aparecieron”, comenta Florentino Romero, que vive justo en esa esquina.

Necesidad de fondos

La Sociedad Aguas del Tucumán (SAT) informó, mediante un comunicado de prensa: “hay 12 obras que están pendientes debido a que hay insuficiencia de fondos; zonas como los de calle Santiago del Estero al 1.900 necesitan la renovación de la colectora, lo cual es una obra (que necesita pasar por licitación) y no un trabajo de mantenimiento”.

A pesar de ello, la SAT anunció que en los próximos días se pondrían en marcha los trabajos pospuestos, ya que la Municipalidad entregó fondos para obras.

A tres cuadras de la pérdida de aguas servidas, de Santiago del Estero al 1.900, el panorama se repite. Y se duplica porque son dos los sistemas cloacales que necesitan reparación en la esquina de Santa Fe y Alberti.
Los vecinos también dicen que se cansaron de hacer reclamos, firmar planillas y hablar con diferentes legisladores para que los apoyen en la búsqueda de una solución. Pero que todos los intentos fueron en vano y siguen a la espera del arreglo que pondrá fin al mal olor.
“Reclamé por teléfono, se juntaron firmas y no pasó nada… Los empleados de la SAT vienen en un camión y una camioneta. Se bajan siete personas, en total, miran y se van. Lo peor es que no vuelven para arreglar”, relató enojado Luis Cerrazano, quien vive a media cuadra del derrame. “Pero lo que sí llega puntual es la boleta para que paguemos el servicio”, enfatizó.
“No puedo abrir las ventanas. No tengo patio, sólo un espacio interno donde el olor que viene de la calle es insoportable”, describe Julia, que vive en la esquina de Santa Fe y Alberti junto con su beba y su marido. “Hice los reclamos pertinentes y no hubo solución-dice-. Hace dos meses que vivimos encerrados; lo sé porque la pérdida de agua servida tiene la misma edad que mi hija. Hoy sale agua sólo de una de las colectoras. Pero hay días en que se vuelve insoportable porque pierden las dos y sumado al calor es inaguantable”.
 Fuente: La Gaceta

 

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