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Las claves del narcoescándalo de la embajada rusa

A las 6 de la madrugada del 14 de diciembre de 2016, la Gendarmería ingresó a la embajada de Rusia en Buenos Aires y dejó las 12 valijas diplomáticas en el mismo lugar del que las había retirado. Ya no tenían cocaína, sino harina. El operativo de reemplazo, en la Unidad Antidrogas, duró apenas seis horas.

Según se pudo saber con fuentes de la investigación, además de GPS, a cada valija se les colocó un dispositivo para detectar movimientos, similar al que se utiliza en los cajeros automáticos. Y se ocultaron cámaras para monitorear cualquier ingreso sospechoso.

Semejante despliegue de tecnología tenía un punto “flojo”: cada 90 días los gendarmes tenían que ingresar a la embajada rusa para cambiar las baterías de los detectores de movimientos. En la jerga se habla de “incursiones controladas”. Se hacían siempre en horarios de madrugada y con la colaboración de un empleado ruso, que tenía las llaves para ingresar al lugar, un espacio reducido ubicado debajo de una escalera.

El operativo cinematográfico también incluyó el ingreso al lugar de otro empleado de la embajada al tanto de los detalles del operativo. Esas “incursiones” se hacían en horarios de oficina, a la vista de otros empleados.

“La idea era que nadie sospechara nada. El empleado entraba y salía para que nadie sospeche que había algo oculto”, explicó una alta fuente de la investigación. Las cámaras ocultas, conectadas a la red de wi fi, permitían el seguimiento on line de cada ingreso.

La operación de inteligencia que terminó con la banda de las narcovalijas rusas no tiene antecedentes. Una investigación simultánea en ambos países (agentes del Servicio Federal de Seguridad de Rusia en la Argentina trabajando en simultáneo con gendarmes en Rusia), más de un año de escuchas telefónicas y seguimientos con la participación de traductores, y un dispositivo tecnológico sofisticado, distinguen al operativo “12 reinas” de otros casos resonantes de narcotráfico.

Los responsables del operativo destacan una y otra vez que no hubo filtraciones en más de un año de investigación. Un dato alcanza para entenderlo: para hacer un seguimiento 24 horas on line (con conexión permanente a una base de la Gendarmería) se necesitan 15 agentes.

Durante todo el operativo hubo al menos dos intentos frustrados para sacar la droga del país. El primero involucraba un viaje de 30 cadetes de la Metropolitana a Rusia para recibir entrenamiento. Fue abortado a tiempo.

El segundo, incluyó el traslado de un avión privado Cessna Citation con matrícula de Letonia. “Estuvo estacionado 48 horas en Ezeiza, en el sector de los aviones privados“, confirmó una fuente al tanto de todos los detalles. Andrey Kovalchuk, el único prófugo de la banda, ya había llegado al país en un avión comercial para monitorear el posible traslado de la droga.

Las valijas con harina finalmente viajaron en un avión suministrado por el Gobierno ruso. El 14 de diciembre pasado, el operativo señuelo dio resultado, con la detención de tres personas en Moscú, mientras cargaban las valijas en un auto.

¿Por qué se demoraron tanto las detenciones en la Argentina? “Los últimos dos detenidos tenían vinculación con el prófugo. La Justicia rusa nos pedía más tiempo para intentar atraparlo. Pero no lo lograron y se decidió avanzar”, responde la misma fuente. Eso precipitó la detención simultánea del subinspector de la Policía de la Ciudad Iván Blizniouk y Alexander Chikalo, ambos de origen ruso.

La exitosa operación de inteligencia deja algunos interrogantes flotando. ¿Por qué se fue a Rusia el empleado que introdujo la droga en la embajada? ¿La denuncia fue parte de una interna en la sede diplomática? ¿Hay diplomáticos rusos implicados en el tráfico de drogas? La Justicia todavía puede encontrar las respuestas.

Fuente: Infobae