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La manosearon en la calle y cuando buscó refugio en el subte, un hombre se masturbó frente a ella

El pasado lunes 19 de febrero, Débora Garay, una joven de 26 años de Salto, en la provincia de Buenos Aires, pero radicada en Capital Federal para estudiar la carrera de Medicina, vivió una pesadilla: cuando salía de la casa de una amiga y se dirigía a la parada del colectivo para volver a su casa, primero fue abordada y manoseada por “un chico de un delivery” y minutos más tarde, cuando buscó una suerte de refugio en el subte, otro hombre empezó a masturbarse frente a ella.

En su cuenta de Facebook, la joven publicó videos y fotos que tomó del episodio, junto a un texto en el detallaba lo ocurrido. “El pasado lunes 19, alrededor de las 23, volvía a casa después de verme con una amiga -quizás, imprudente de mi parte ir a tomar el subte en ese horario, en el que no hay mucha gente y puede ser más peligroso, en lugar de un bondi (que de todas maneras, no tendría por qué ser así…)-. Línea D, estación Agüero, me encuentro con esta persona que, apenas me ve, empieza a mostrarme sus genitales. Yo estaba sola. Me asusté mucho. Pero lo filmé y saqué algunas fotos”, había escrito. Además, pedía difusión. “Les pido que compartan, difundan o adviertan sobre esto”, decía.

La joven contó que, cuando el hombre "se dio cuenta" de que ella lo estaba filmando, "se paró como para que se viera mejor"
La joven contó que, cuando el hombre “se dio cuenta” de que ella lo estaba filmando, “se paró como para que se viera mejor” Crédito: Facebook

Según precisó en las últimas horas, salió de lo de su amiga y caminó por la Avenida Santa Fe, cuando “un chico de un delivery” detuvo su moto, la encerró “contra la pared” y la manoseó. “Fueron unos segundos nada más. Se reía y me miraba. Después se fue. Empecé a llorar y a contarle a mi hermana por Whatsapp lo que había pasado”, dijo a TN.

Entonces, optó por volver en subte, “para hacer más rápido”. “Cuando bajo al andén veo a esta persona que, apenas me ve, empieza a mostrarme sus genitales. Yo no podía creer la secuencia de las cosas”, contó. Estaba sola, temió que el acosador cruzara las vías y también pensó en salir del subte, pero no lo hizo por miedo a que el hombre la siguiera.

“El pasado lunes 19, alrededor de las 23 hs. volvía a casa después de verme con una amiga, quizás imprudente de mi parte ir a tomar el subte en ese horario en el que no hay mucha gente y puede ser más peligroso, en lugar de un bondi (que de todas maneras, no tendría por qué ser así…) Línea D, estación Agüero, me encuentro con esta persona que apenas me ve, empieza a mostrarme sus genitales. Yo estaba sola. Me asusté mucho. Pero lo filmé y saqué algunas fotos. Les pido que compartan, difundan o adviertan sobre esto. El ‘señor’ es un exhibicionista. La calidad del video no es la mejor, ya que al editar tratando de tapar su miembro, se modificó. Esto es real y me paso a mi, el lunes 19 de Febrero de 2018 en la estación Agüero de la línea D, Barrio Norte, CABA”

Pero prefirió esperar porque “el subte ya estaba viniendo”. Con el chat con su hermana abierto, decidió grabar al hombre y sacarle fotos, que luego publicó en las redes sociales, donde escribió: “El ‘señor’ es un exhibicionista. La calidad del video no es la mejor, ya que al editar tratando de tapar su miembro, se modificó. Esto es real y me paso a mí, el lunes 19 de Febrero de 2018 en la estación Agüero de la línea D, Barrio Norte, CABA”.

Además, Garay, que dijo que no vio “ni el color de la moto ni de qué local era el delivery” que abusó de ella primero, anunció que denunciará el hecho en la justicia: “Ayer me asesoré con un abogado y me dijo que denunciara. No pensaba hacerlo porque esto pasa todos los días, lamentabemente”.

Otra víctima del acosador del subte, que lo reconoció en el video difundido por Garay, denunció ante la justicia que la “cruzó” en la calle y “amenazó con violarla”, según informaron fuentes judiciales a Télam. “Indicó que se lo cruzó por la calle a las 7 de la mañana y el sujeto le dijo obscenidades y la amenazó con violarla”, precisaron.

 

Fuente: La Nación