Salud

Pausas activas durante la jornada laboral, para cuidar la salud del cerebro

A lo largo de años, varias investigaciones pusieron en evidencia la estrecha relación entre el ejercicio físico y el estado de salud del cerebro. A partir de ello, es sabido que entrenar de manera regular favorece a la capacidad de concentración, a mejorar la memoria, a evitar enfermedades neurológicas o a mantener la materia gris, entre otros beneficios.

El beneficio se obtiene con cualquier tipo de actividad, ya sea aeróbica -como caminar a mayor intensidad, correr o andar en bicicleta-, así como a través de ejercicios de resistencia o con sesiones de yoga o tai chi, por ejemplo.

Ahora, se supo que la disminución del flujo sanguíneo cerebrovascular se asocia con un menor funcionamiento cognitivo y un mayor riesgo de enfermedades neurodegenerativas, según lo reveló un reciente estudio publicado en Journal of Applied Physiology.

Los investigadores de la Universidad John Moores de Liverpool, Inglaterra, reunieron a quince oficinistas sanos, adultos, de sexo masculino y femenino para analizar cómo pasar varias horas al día sentado afecta el funcionamiento cerebral en el largo plazo. Este estudio exploró el efecto de la sesión ininterrumpida y la interrupción del tiempo sentado sobre el flujo sanguíneo cerebrovascular y la función de oficinistas sanos.

Los resultados demostraron que la permanencia prolongada e ininterrumpida de trabajadores sanos en su escritorio reduce el flujo sanguíneo cerebral. Y lo relevante resultó ser que este efecto se compensa cuando se incorporan descansos frecuentes de corta duración.
Si bien el hallazgo podría tener implicaciones para la salud mental a largo plazo, los investigadores descubrieron que levantarse y caminar durante sólo dos minutos cada media hora parece repeler este declive en el flujo sanguíneo cerebral y podría incluso acelerarlo.

Los especialistas recomiendan levantarse y caminar durante sólo dos minutos cada media hora (Getty)

Los especialistas recomiendan levantarse y caminar durante sólo dos minutos cada media hora (Getty)

El flujo de sangre al cerebro es uno de los procesos internos automáticos que la mayoría de las personas nunca considera, aunque se trata de una función esencial para la vida y la cognición. Las células cerebrales requieren el oxígeno y los nutrientes que contiene la sangre, y varias arterias grandes transportan constantemente sangre hasta la cabeza.

Puesto que este flujo es tan necesario, el cerebro lo regula estrictamente, siguiendo distintas señales fisiológicas, incluyendo los niveles de dióxido de carbono en la sangre, para mantener la velocidad del flujo dentro de un rango muy estrecho.

Sin embargo, ocurren algunas pequeñas fluctuaciones, tanto repentinas como prolongadas, que pueden tener repercusiones. Estudios anteriores en personas y animales habían indicado que caídas leves y cortas en el flujo sanguíneo cerebral pueden nublar temporalmente el pensamiento y la memoria, mientras que los declives a largo plazo están vinculados con riesgos más altos de presentar algunas enfermedades neurodegenerativas, incluyendo la demencia.

Otras investigaciones mostraron que permanecer sentado de manera ininterrumpida disminuye el flujo de la sangre a distintas partes del cuerpo. La mayoría de estos estudios se enfocaron en las piernas, que son las más afectadas por la postura que adquieren la mayoría de las personas a la mayor cantidad de horas al día, ya sea que permanezcan sentadas o de pie.

Molestias vasculares como las várices o las hemorroides son algunas de las consecuencias de lo que se conoce como el síndrome del oficinista, un mal que afecta al 20% de los empleados, y que incluye, además, mala alimentación, problemas en la vista, malas posturas, tendinitis y hasta molestias viscerales como el estreñimiento.

Sin embargo, se desconocía si una disminución similar del flujo sanguíneo podría ocurrir en las arterias que llevan sangre al cerebro.

El síndrome del oficinista afecta al 20% de los empleados (Getty)

El síndrome del oficinista afecta al 20% de los empleados (Getty)

Para el nuevo estudio, los investigadores reclutaron personas que habitualmente pasan tiempo frente a un escritorio, ya que para ellas sería normal pasar largas horas sentadas y les pidieron que acudieran al laboratorio de desempeño físico de la universidad en tres ocasiones distintas. Durante cada una de ellas, les colocaron sensores de ultrasonido que seguirían el rastro del flujo sanguíneo a través de su arteria cerebral media, una de las principales arterias que llevan sangre al cerebro.

Luego, los participantes pasaron cuatro horas simulando tiempo en la oficina, sentados frente a un escritorio y leyendo o trabajando en una computadora.

Durante una de estas sesiones, no se pararon a menos que tuvieran que ir al baño, que estaba cerca. En una segunda visita, se les indicó levantarse cada treinta minutos y dirigirse hacia una cinta caminadora cerca de su escritorio y caminar durante dos minutos a cualquier velocidad que les pareciera cómoda. Finalmente, en la tercera sesión, dejaron la silla después de dos horas, y luego caminaron en las caminadoras durante ocho minutos a la misma velocidad.

Como esperaban, el flujo sanguíneo cerebral se redujo cuando la gente estuvo sentada durante cuatro horas seguidas. La disminución fue pequeña pero notable para el final de la sesión.

También fue evidente cuando la gente se levantó después de dos horas, aunque el flujo sanguíneo se elevó durante la pausa para caminar. Pronto cayó de nuevo, según mostraron los sensores de ultrasonido, y fue más bajo al final de esa sesión que a su comienzo.

Sin embargo, el flujo sanguíneo cerebral aumentó un poco cuando las cuatro horas incluyeron pausas frecuentes de caminata durante dos minutos, hallaron los científicos.

Así las cosas, si bien el estudio fue pequeño y a corto plazo, y no investigó si las pequeñas reducciones en el flujo sanguíneo hacia el cerebro de la gente mientras estaba sentada afectaban su capacidad de pensamiento, los resultados proporcionan una razón más para evitar permanecer sentados durante períodos de tiempo largos e ininterrumpidos.

Sophie Carter, estudiante de doctorado en la Universidad John Moores de Liverpool y quien dirigió el estudio, enfatizó que los resultados ofrecen información útil sobre que las pausas pueden ser cortas pero deben ser recurrentes, ya que “sólo las pausas de caminata frecuentes de dos minutos tuvieron el efecto general de prevenir una disminución del flujo sanguíneo cerebral”.

Y tras sugerir configurar una alarma en la computadora o el teléfono para levantarse cada media hora, Carter instó a “caminar por el pasillo, ir por las escaleras al baño un piso arriba o debajo del que se encuentra en el piso donde se trabaja o bien dar algunas vueltas alrededor de la oficina”.

 

 

Fuente: Infobae

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