País

Barañao sobre su continuidad: “Sigo para garantizar la transición y el presupuesto”

El flamante secretario de Ciencia terminó enterándose de la confirmación de la noticia por la prensa.

El sábado por la tarde, cuando Lino Barañao y otros ministros que acabarían siendo degradados a secretarios de Estado, ignoraban la profundidad de la cirugía (¿cosmética?) en el organigrama oficial, el todavía titular de la Cartera de Ciencia y Tecnología no quería aceptar los rumores. “El gesto de destruir algo que ha sido tomado como modelo internacionalmente sería muy alto. Habría una gran reacción de la comunidad no sólo científica”, le escucharon decir algunos de sus laderos. Con el recuerdo todavía fresco de la masiva marcha universitaria que se había producido 48 horas antes, el análisis parecía apropiado.

Para el único ministro que Mauricio Macri decidió heredar de Cristina Kirchner la fusión bajo el ala de Educación era un límite que no estaba dispuesto a tolerar. En su fuero íntimo, Barañao no quería creer la noticia. “La elevación a rango de ministerio fue celebrada por todos los medios internacionales y fue tomada como ejemplo por Chile para crear su ministerio. España acaba de restaurar el ministerio de Ciencia”, razonaban.

El ministro, al igual que el ministro de Ambiente Sergio Bergman y que el titular de Cultura Pablo Avelluto, entre otros, ignoraba cuál sería su suerte. A diferencia del ex editor de libros, con quien ahora comparte Cartera, que por su cercanía al Jefe de Gabinete acabó enterándose más temprano de su destino común bajo la supervisión de Alejandro Finocchiaro, Barañao se aferraba a la esperanza de que el Presidente no avanzara con la reestructuración de su área.

Después de todo, él mismo junto al todavía supervisor de su área Gustavo Lopetegui había analizado el impacto de la reconversión en secretaría de Estado. La fusión no implicaría ahorro dado que el 95 % es para pagar subsidios y créditos ya otorgados, insistieron.

El flamante secretario de Ciencia terminó enterándose de la confirmación de la noticia por la prensa. No fue el único. Sin embargo, no renunció como había previsto. “Sigo para garantizar la transición y preservar la estructura, presupuesto y ejecutividad”, dijo.

Son, palabras más-palabras menos los mismos argumentos que utilizó en privado para justificar su permanencia en el cargo después de 2015 y con las posteriores crisis con los investigadores en 2016 y 2017. “Hemos logrado mantener el financiamiento, políticas y demás, es porque sigo en este cargo. En otras condiciones era mas factible que hubiera cambios más drásticos en el ministerio. Y por eso acepté continuar”, dijo hace exactamente un año en una entrevista con Perfil.

Algunos de sus allegados plantearon ahora que diciembre sería el límite de su tolerancia, aunque finalmente se desdijeron. “No hay plazos”, insistieron. Defendieron, sin embargo, la decisión del ex ministro de continuar “temporariamente” en el Ejecutivo para recuperar el rango ministerial. “Es para garantizar la continuidad de un equipo humano altamente comprometido con el objetivo de poner la ciencia y la tecnología al servicio del país”, precisaron.

El primer y único ministro de Ciencia y Tecnología de la Argentina pudo dejar su cargo si Daniel Scioli hubiese sido elegido Presidente. El diputado y ex motonauta le había prometido el cargo a Daniel Filmus en la campaña, pero ganó Macri, el mismo que ahora le quitó el cargo que ostentaba desde 2007.

En campaña, el PRO apostaba a revertir la desconfianza del mundo científico con inversión. “Alterar creencias”, como solía repetir el Jefe de Gabinete Marcos Peña, que ubicó estratégicamente a un hombre suyo, Jorge Aguado, como número 2 del ex ministerio. El macrismo pretendía darle una impronta productiva a la Cartera.

El Conicet expresó su preocupación y rechazo por la fusión con Educación. “La ciencia y la tecnología no deben entenderse como un gasto, sino como una inversión estratégica, transversal a todas las áreas de la gestión del Estado”, expresó en un comunicado el organismo.

El secretario de Ciencia, en tanto, ya se puso a disposición de su nuevo jefe, el ministro Finocchiaro, que deberá destrabar el conflicto con los docentes universitarios, que atraviesa la gestión de ambos, y con el flamante vicejefe de Gabinete: Andrés Ibarra. “No va a haber despidos”, garantizaron cerca del ministro que se encuentra en Mendoza para la cumbre del G20. Tras la reunión del lunes con los gremios docentes universitarios, en la fortalecida Cartera de Educación están esperanzados de que con la nueva oferta salarial, que plantea un incremento de entre el 24% y el 26%, puedan destrabar definitivamente el conflicto.

 

Fuente: Clarín