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Caso Lebbos: las muestras tomadas del cuerpo de Paulina fueron mal conservadas

Las muestras de uñas y pelos recogidos del cuerpo de Paulina Lebbos habían llegado en “mal estado de conservación” a los laboratorios de genética de Buenos Aires, en 2014. Así lo afirmó ayer Stella Maris Jaureguiberry, jefa del Laboratorio de Genética Forense de la  Superintendencia de Policía de la provincia de Buenos Aires, en la última audiencia del juicio oral por el crimen de la joven. Además, remarcó que esa condición “perjudicó los estudios posteriores”, que apuntaban a obtener posibles perfiles de ADN, entre ellos, de un probable sospechoso del crimen.

Las declaraciones de la profesional sumaron condimentos a las objeciones que ya se venían plasmando hacia los procedimientos de toma de pruebas y la autopsia del cuerpo de Paulina Lebbos, realizadas en 2006.

Tras el pedido de Carlos Albaca, el entonces fiscal que investigaba el homicidio de la universitaria, la institución bonaerense realizó en julio de 2014 un análisis de las uñas de la víctima y de pelos recolectados del cadáver, con la posibilidad de obtener el perfil genético y ADN mitocondrial, es decir, el linaje o línea materna.

“No puedo decir que la mala conservación fue por una acción humana. Lo que sí puedo referir es que para la conservación se requiere temperatura ambiente, (pero a las muestras) las pusieron en la heladera. Cosas (por los pelos)  que debían estar un sobre, estaban entre dos vidrios y se producían fricciones. Además, el tiempo transcurrido fue demasiado para una pericia”, enfatizó.

La experta relató ante la Sala III, integrada por Carlos Caramuti (presidente), Rafael Macoritto y Dante Ibáñez, que en el laboratorio de la Policía Científica de Buenos Aires se habían recibido las evidencias, inclusive, sin el formulario de “la cadena de custodia”. “Hicimos esa observación. Al principio del procedimiento, ellos reconocieron que eran responsables de esa cadena”, rememoró.

Jaureguiberry hizo hincapié en que “lo más importante siempre es preservar las muestras”. “Las manos se resguardan en sobres de papel y se preserva cualquier otro elemento que se pueda caer en el traslado del cadáver, como un filamento piloso que esté en la punta de la nariz y se pueda soltar. Después, la recolección de las pruebas se hace en la morgue”, enfatizó.

“Nadie toca nada del cuerpo si no es en la morgue”, destacó la especialista, quien agregó que se debe embolsar el cadáver tal cual está y llevarlo a la morgue.

Los restos de Paulina fueron hallados en estado de descomposición el 11 de marzo de 2006. Estaban en una zona de declive, a metros de la ruta provincial 341, en Tapia. Ese día, los responsables del operativo decidieron suspender las tareas de criminalística y realizar el levantamiento de evidencias a la mañana siguiente: el domingo 12. Durante el juicio oral, el debate se centró en que el procedimiento habría estado a cargo del fiscal Alejandro Noguera, con asesoramiento de la bioquímica Lilia Moyano de Colombres y el jefe de Policía por esos tiempos y hoy imputado por encubrimiento, Hugo Sánchez.

La autopsia se realizó luego al aire libre, bajo un árbol, y el cuerpo fue lavado con agua. Se confirmó así que la causa de muerte de Paulina Lebbos había sido asfixia mecánica por estrangulamiento manual. “Ya nada me sorprende”, dijo Jaureguiberry al enterarse de las características de la autopsia.

En la audiencia, la profesional señaló que se puede identificar quién estrangula manualmente a una víctima, con una toma de muestra de la región del surco (parte del cuello). “Si se lo lava, chau ADN”, enfatizó.

“Primero hay que levantar todas las evidencias”, insistió, respecto del lavado del cadáver.

Asimismo, la especialista en genética afirmó ayer que el protocolo puesto en vigencia en 2013 en su laboratorio había establecido “cómo se deben levantar las pruebas en la zona de estrangulamiento”. “Una técnica es con adhesivos libres, obviamente, de ADN. Se coloca el adhesivo y queda pegado el ADN supuestamente del agresor. También se considera la técnica del doble hisopado. Se pasa un hisopo húmedo por la región y luego otro seco. Ambos hisopos son procesados después y, de eso, sale un ADN en común. Estas formas están estipuladas internacionalmente. Años atrás, si no se sabía esto, estaban los protocolos de violación; en toda zona de lengüetazo o de mordeduras se trabajaba con hisopo húmeda y se dejaba secar”, indicó.

“Hay protocolos internaciones desde hace muchísimos años, no sólo el nuestro. Todos son muy similares. Si hay diferencias, es en cuanto a la redacción, pero no en cómo debe ser el procedimiento. Si en Tucumán no había un protocolo establecido, por internet se podían haber seguido otras normas. Además, Tucumán tiene convenios con otros laboratorios de genética, como el del Colegio de Farmacia y Bioquímica de Capital Federal. Por lo tanto, ya se conocían protocolos”, expresó la profesional luego ante la prensa.

Fuente La Gaceta

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