Sociedad

La contaminación llegó al agua de La Trinidad y vecinos culpan al ingenio

En Villa La Trinidad, ubicada 11 km al sudeste de Concepción, la contaminación ambiental y del agua para consumo jaquea la salud de los pobladores. El problema no es nuevo, pero empeora con el paso del tiempo. Con enojo evidente, los vecinos aseguran que es producto del estado de abandono que sufre el pueblo. Las calles destruidas revelan parte de esa situación.

“Aquí parece que no hay autoridad comunal, porque nadie hace nada por mejorar las condiciones de vida de la comunidad. Tenemos un ingenio que sigue liberando hollín y también líquido con desechos industriales, que pasa por medio de un barrio a través de una acequia a cielo abierto que vive desbordando. Ni hablar del agua corriente que ya no la podemos usar ni para cocinar”, cuenta molesta doña María Luna, del barrio Las Rosas.

La acequia del ingenio pasa caudalosa por la orilla de su casa y despide olores pestilentes. “Por estos lugares a veces no se puede respirar por la hediondez de lo que arrastra este canal. Además, esto va a cielo abierto, a veces sale de cauce e inunda las calles y siempre fue un peligro para los chicos. Si caen ahí no lo sacan nadie”, apunta.

Los vecinos hace pocos días mantuvieron reuniones con las autoridades del ingenio y recibieron la promesa de que se iban a alambrar los costados de la acequia a fin de evitar accidentes. Y les dijeron además que van a estudiar la posibilidad de desviar este curso con desechos hacia otro lugar sin pobladores. “Esperamos que las promesas hechas se concreten cuanto antes, porque no podemos seguir viviendo así. De noche el olor se intensifica y ni siquiera se puede salir a tomar aire. Por otro lado hay que vivir atentos de los chicos por temor a que se acerquen a la acequia”, planteó Miriam Medina. Según esta dirigente vecinal, los representantes del ingenio les aseguraron que los filtros de las calderas están funcionando y en consecuencia no están lanzando hollín. Sin embargo los vecinos insisten en lo contrario. Y muestran calles y patios de casas cubiertos por una alfombra negra como pruebas de que la “lluvia negra” los sigue castigando.

La organización ambiental “Ave Fénix” formalizó varios planteos a la Secretaría de Medio Ambiente provincial, sin respuestas satisfactorias. “Nos dijeron que a causa de los inconvenientes de recursos que arrastran algunos ingenios como el Trinidad, se ha dejado de invertir en filtros. Y de ahí el drama que debemos soportar. Lo llamativo es que por esa razón la provincia, al parecer, dejó de proteger a la gente de la contaminación. Dejó de hacer cumplir la ley”, dijo indignado Gustavo Masmud, dirigente de Ave Fénix.

Ese no es el único problema. Por estos días estalló la alarma en Villa La Trinidad cuando un vecino descubrió, a través de un filtro doméstico para potabilizar el agua, que el líquido salía con un sedimento barroso. “Aquí nunca el agua de consumo fue una garantía. Es un servicio que está abandonado. En los últimos días la situación empeoró y el agua salía hasta con olor a podrido”, expuso Sergio Ponce.

Masmud se entrevistó con el interventor del Servicio Provincial de Agua Potable y Saneamiento (Sepapys), Adrián Ruiz, y le planteó la necesidad de una intervención urgente de ese organismo. Según el dirigente, el organismo sanitario desconocía el problema, porque desde la comuna nadie comunicó ninguna irregularidad en el servicio. “Este es un tema gravísimo porque si los propios vecinos no advertíamos la contaminación, nos hubiéramos seguido envenenando”, observó.

Personal del Sepapys trabaja actualmente en el pueblo para verificar el origen del problema. “El inconveniente obedecería a una rotura del pozo surgente y a cañerías en mal estado. Es un servicio sin mantenimiento desde hace años”, explicó Masmud.

La situación institucional de Villa La Trinidad es curiosa. Algunos creen que está intervenida y otros aseguran que sigue al frente Julio González. De acuerdo con un funcionario de segunda línea del Ministerio del Interior, González sigue siendo responsable del funcionamiento del pueblo, pero no del manejo administrativo, que está ahora a cargo del ex comisionado comunal de Taco Ralo, Carlos Ortiz.

Esta situación institucional se plantea a partir de las denuncias de vecinos contra González por presuntos malos manejos de recursos de la comuna. El año pasado los pobladores se declararon en asamblea permanente y pidieron su destitución. “Esto es de todos los días. Aquí no hay nunca nadie que responda a las necesidades de los habitantes. Parece un pueblo abandonado”, afirmó Masmud.

A los dramas expuestos de contaminación, se suma que el pueblo -de más de 8.000 habitantes- carece de servicio cloacal y los residuos sólidos urbanos no tienen tratamiento y son arrojados en un lugar cercano a la población.

Fuente La Gaceta