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Día del Maestro: Hoy se cumplen 130 años de la muerte de Domingo F. Sarmiento

Hoy se cumplen 130 años de la muerte de Domingo Faustino Sarmiento. Escritor admirable, político, guerrero, masón y presidente de la Argentina, también llegó a ocupar su espacio en el panteón de los héroes nacionales. Más allá de sus contradicciones y de conceptos que en su época propugnaban la construcción del país y que hoy aparecen políticamente incorrectos, Sarmiento fue clave en la constitución de la nación.

De orígenes humildes, nació en San Juan el 15 de febrero de 1811 y falleció en 1888 en Asunción del Paraguay. Era uno de los 15 hijos de Paula Albarracín, mujer enérgica y laboriosa, y de José Clemente Sarmiento, soldado.
En su libro autobiográfico “Recuerdos de Provincia”, evoca su infancia humilde en San Juan, marcada por su voracidad por la lectura. Con solo 16 años se unió al ejército unitario de José María Paz cuando Facundo Quiroga invadió su provincia. Allí conocerá a quien fuera el personaje principal de su novela fundacional: “Facundo”. En 1831, con veinte años, Sarmiento se exilia en Chile por oponerse a Juan Manuel de Rosas. En una piedra de los Andes, escribe: “¡Bárbaros, las ideas no se matan!”.

En 1836 regresó a San Juan, fundó la Sociedad Literaria, el Colegio Santa Rosa -primero dedicado a la educación femenina-, el periódico El Zonda. Hasta que regresa a Chile a un nuevo exilio. Allí redacta para El Progreso y es director de la primera Escuela Normal de América. En 1845 publicó “Facundo”, y por tres años viaja por Europa y Estados Unidos. Fue el primer presidente de la “Sociedad Protectora de Animales” y en 1849 publicó “Viajes por Europa, África y América” y “Educación popular”. Fue director de escuelas, senador y redactor del diario El Nacional. En 1862 fue gobernador de San Juan y seis años después asumió como presidente de la Argentina.

Durante su gobierno se fundaron importantes instituciones y obras, como el Observatorio Astronómico de Córdoba, el Colegio Militar, la Escuela Naval, la Oficina Meteorológica, se crearon ochocientas escuelas en todas las provincias, la red ferroviaria y caminera, la de telégrafos. Durante su presidencia finalizó la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay, se sufrió la epidemia de fiebre amarilla, fueron asesinados Justo J. de Urquiza y Facundo Quiroga, la educación pública experimentó un gran impulso, casi trescientos mil inmigrantes se radicaron en la Argentina, en un hito mundial. Sarmiento vivió su vejez sin un peso. Su casa era modesta; sus bienes, contados. Un día le pidió al Concejo Deliberante si podía pagarle la suscripción del diario porque él no tenía con qué hacerlo.
Poco antes de morir hizo el balance de su vida: “Deseo dejar por herencia a millares en mejores condiciones intelectuales, tranquilizado nuestro país, aseguradas las instituciones y surcado de vías férreas el territorio, como cubiertos de vapores los ríos, para que todos participen del festín de la vida del que yo gocé solo a hurtadillas”.

Una figura compleja

Para quienes lo ignoran, la masonería se define como “una sociedad fraternal”, cuyas raíces se hunden en la historia. Y como muchas grandes personalidades, Sarmiento se inició en la masonería en 1854 en la Logia Unión Fraternal de Chile. Dos años más tarde funda en Buenos Aires la Logia Unión del Plata Nº 1. Durante el gobierno de Mitre viajó a los Estados Unidos en misión diplomática, como representante de la Gran Logia y el Supremo Consejo Grado 33 de la Argentina. Puede comprobarse su extracción visitando la escuela que abriera en la localidad de San Francisco del Monte de Oro, y que se considera “cuna de la educación pública” de América del Sur. Allí hay placas conmemorativas al Gran Maestre, grado que ejercería entre 1882 y 1883. En varias se destaca su lucha contra las hegemonías, la ignorancia y los totalitarismos.

El “Facundo”, según Borges

“Sarmiento comprendió que para la composición de su obra no le bastaba un rústico anónimo y buscó una figura de más relieve que pudiera personificar la barbarie. La halló en Facundo, lector sombrío de la Biblia, que había enarbolado el negro pendón de los bucaneros.
(…) El destino fue misericordioso con él; le dio una muerte inolvidable y dispuso que la contara Sarmiento”.

 

 

Fuente: El Tribuno