Sociedad

La Justicia exige a la Ciudad y a la SAT que erradique una laguna cloacal

Es la laguna con agua contaminada del barrio La Margarita, al este de la capital. La cautelar fue dictada por el juez Sergio Gandur, presidente de la sala III de la Cámara en lo Contencioso Administrativo, a raíz de un amparo colectivo presentado por el vecino Claudio Azcurraire, quien había solicitado que se realicen obras para desagotar el agua contaminada, instalar alumbrado público, abrir caminos y prestar el servicio de recolección de residuos.

La sentencia, dictada el 25 de septiembre, resuelve: “disponer que la Municipalidad de San Miguel de Tucumán y la empresa SAT efectúen de manera inmediata y conjunta los trabajos necesarios para proceder al desagote de la laguna de agua contaminada y relleno del terreno, para lo cual deberán elevar un informe en el plazo de 10 días hábiles de recepcionada esta resolución sobre los trabajos a realizar”.

Nueva esperanza

“Esperemos que esta vez no se hagan los boludos y la rellenen”, dijo Azcurraire parado frente a la laguna con deshechos y líquidos cloacales. La Margarita está situado seis cuadras al este de la avenida Juan B. Justo al 1.800. Como en la zona funcionó durante décadas una cortada de ladrillos, los terrenos están más bajos: todas las aguas negras de las roturas cloacales de los barrios El Molino, San Roque, SEOC III, se unifican y abastecen el pantano fétido.

“Vinieron de la Municipalidad y de la SAT, pero el trabajo quedó abandonado. Trajeron camionadas con escombros y taparon la laguna hasta cerca de la mitad, pero nunca arreglaron los caños para que deje de alimentarse el pantano. Hace cuatro meses que quedó así”, lamentó Azcurraire mirando las totoras en la laguna, que a comienzos de año ocupaba una cuadra. “Esperemos que a la Justicia sí le hagan caso”, completó.

El pantano rebalsa por las lluvias y las pérdidas cloacales constantes que lo abastecen e inundan las calles y casas vecinas. Para ir a la escuela, los niños deben caminar sobre el barro fecal de las calles porque no hay veredas. Algunos se cubren los pies con bolsas para evitar el contacto con el agua contaminada. Otros cruzan en ojotas ese trecho y se ponen zapatillas secas al llegar a las cuadras más altas. Pero ya caminaron sobre el agua inmunda.

“La Municipalidad se ha lavado totalmente las manos, acá estamos presos y olvidados. Presos porque tenemos dos paredones de predios privados y nos cerraron las calles, entonces sólo tenemos un acceso. Olvidados porque convivimos con las alimañas y el olor de la laguna, no tenemos alumbrado público, recolección de residuos ni buena presión de agua”, renegó Elizabeth Palacios. La mujer contó que, además de la laguna, la otra preocupación es la falta de desagües: como la zona es baja se inundan con cada lluvia y deben romper los paredones de un country cercano para que el agua escurra. “En mi casa entró el agua hasta la cintura; le tenemos terror a la época de lluvias”, explicó la mujer, marcando el nivel del agua en su cadera.

Reclamos

En La Margarita las calles son huellas delimitadas sólo por los yuyos que crecen a los costados, antes del comienzo de las casas. No se puede acceder desde la Avenida Gobernador del Campo porque el Country de Lawn Tennis construyó un murallón delimitando el predio; entonces los vecinos han perdido una vía de acceso. El paredón de ladrillo hueco del barrio privado se continúa con otro predio, también privado, que impide salir o entrar por la Avenida de Circunvalación. Al norte, otro espacio privado los encierra. Sólo se puede acceder desde la avenida Juan B. Justo. “Vivimos en un embudo”, consideró Claudio Víctor Jiménez.

Francisca Pizarro aseguró que lo peor de la laguna son las alimañas: “está lleno de serpientes. Como los niños no tienen dónde jugar, entonces van a divertirse tirando piedras a la laguna y se exponen”, lamentó la mujer. “No es vida esto, la verdad. En verano nos inundamos, de noche no hay luz y es inseguro”, comentó Juana Salas(63 años), una de las primeras vecinas de la barriada. “Apenas cerró la cortada se comenzó a formar la laguna, pero ahora es insoportable; tengo alacranes en mi casa. Mi hijo vive en frente y tiene una nena prematura que vive enferma porque el polvillo de la laguna le hace mal. La situación acá es muy fea, quiera Dios y la Virgen que alguna vez nos ayuden en este barrio”, anheló la mujer.

Fuente La Gaceta