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Analistas ven a Jair Bolsonaro como un dirigente imprevisible, y temen un gobierno malo para América Latina

Las comparaciones abundaron en las últimas semanas. A la prensa norteamericana le resultó fácil caracterizar a Jair Bolsonaro como un remedo de Donald Trump en el sur del continente, y en ese espejo miran al candidato que desde las elecciones de ayer –en las que obtuvo una abrumadora ventaja de 20 puntos sobre Fernando Haddad, su más inmediato competidor– tiene las mejores chances de convertirse en el próximo presidente de Brasil.

La comparación es tentadora. Bolsonaro, como Trump, promete “vaciar el pantano” de la corrupción política y quiere liderar una restauración conservadora que se extiende del terreno de las conquistas sociales a un impreciso liberalismo pro mercado. Incluso su nacionalismo de sesgo militarista traduce fácilmente el “America first” en “primero Brasil“. Y el estilo provocador que uno y otro muestran en público, con escaso o ningún apego a la corrección política, parece cortado por la misma tijera.

¿Estas similitudes los convertirán en mejores amigos? ¿Si gana Bolsonaro en la segunda vuelta dará inicio a una nueva era de alineamiento total con Washington? Los analistas que observan la realidad brasileña desde Washington se hacen estas preguntas y muchas otras. Sobre todo se preguntan si, a la manera de Trump en Estados Unidos, comenzará ahora en Brasil un período político en el que la imprevisibilidad será la norma. La mayoría cree que la respuesta es afirmativa.

Juan Carlos Hidalgo, analista para América Latina del Cato Institute, de la capital estadounidense, ve con inquietud indisimulada un posible ascenso de Bolsonaro a la presidencia. “Es algo que era difícil de imaginar y lo cierto es que ahora estamos ante un sociópata, ante un hombre con patologías bien reconocibles, que tiene muy buenas posibilidades de acceder al poder“, afirma.

Los riesgos, señala Hidalgo, tienen que ver con la salud de las instituciones brasileñas. “Si Trump generaba ciertos resquemores por algunas de sus posiciones a pesar de los pesos y contrapesos que prevé el sistema democrático en Estados Unidos, en Brasil esos frenos al poder presidencial son más débiles, y estamos ante un demagogo peligroso, que resalta los valores de la dictadura“, advierte.

Inquietud es el sentimiento más extendido entre los analistas norteamericanos. Tanto por lo que una presidencia de Bolsonaro podría significar internamente para los brasileños como por el curso que pueda adoptar en materia de política exterior. El peso regional de Brasil no pasa inadvertido: todavía es –pese a la crisis que arrastra desde hace cuatro años– la octava economía del planeta. Además es la segunda potencia militar del hemisferio y comparte fronteras con casi todos los países de América del Sur.

Es decir, a ninguno de sus vecinos les resultará indiferente el resultado del ballotage, dentro de tres semanas, y la región enfrenta ya desafíos sumamente serios, que exigen un alto grado de cooperación. En primer lugar, el caso de Venezuela, con la acuciante crisis de migrantes que provocó el chavismo.

Temo que Bolsonaro frene los procesos regionales que están en marcha, que militarice la frontera con Venezuela y deje de coordinar una respuesta con los otros países de la región“, señaló Benjamin Gedan, experto en América Latina del Woodrow Wilson Center, de Washington.

Peter Schechter, otro reconocido experto en la región, director del programa Altamar, expresó ese mismo temor. Bolsonaro, dijo, “podría ser otro líder brasileño al que no le interesa América Latina, salvo lo que ocurra en Venezuela. Creo que va a ser extremadamente duro con Venezuela, va a intentar desestabilizar al régimen y en eso va a coincidir con Trump“, señaló.

Mark Jones, experto en América Latina de Rice University, de Texas, imagina un gobierno de Bolsonaro “ineficaz y caótico” por la falta de cuadros políticos que tendrá para ocupar los cargos más importantes de un muy probable Gobierno. El candidato del PSL no tiene la estructura partidaria necesaria para asumir la gestión de un país como Brasil, y es un misterio quiénes podrían ser sus ministros y sus secretarios.

Más aún, Bolsonaro hizo campaña desde la antipolítica y no puede ahora convocar a dirigentes de la política tradicional brasileña. “Ese caos puede ser malo para la región y, en especial, malo para la Argentina, que necesita desesperadamente volver a crecer“, señaló Jones.

Ese es otro posible paralelo con Trump. Al presidente norteamericano le llevó buena parte de los casi dos años que lleva en la Casa Blanca completar cargos claves de su administración. Pero si Trump heredó una economía en franco crecimiento, lo que le facilitó navegar esa transición sin mayores inconvenientes, Bolsonaro recibiría solo problemas. Y según Hidalgo, tan grandes son esos desafíos que, solo como muestra, predice que “si Brasil no hace la reforma previsional que es necesaria, enfrenta la bancarrota“.

Parte de la hoja de ruta del ganador de ayer quizá se conozca en los próximos días, en la recta hacia la segunda vuelta electoral. Schechter cree que si Bolsonaro no quiere que Haddad acorte distancias, “deberá decir algo más sobre lo que piensa hacer“. Eso podría disipar los temores que hoy tienen los analistas o, por el contrario, confirmarlos. Este tipo de líderes, advirtió el experto, “muchas veces creen que redoblar la apuesta es lo que más les conviene“.

FUENTE: Infobae