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Brasil muestra cómo el mal uso de WhatsApp puede matar a la Democracia

Whatsapp se convirtió en la red de mensajería protagonista en las elecciones presidenciales de Brasil.

Whatsapp se convirtió en la red de mensajería protagonista en las elecciones presidenciales de Brasil. Ni la publicidad en TV, ni la radio, ni los diarios y tampoco los debates entre candidatos lograron captar tanto al electorado a la hora de transmitir información.

La importancia del Whatsapp como soporte mediático se debió a la facilidad con la que se pueden mandar noticias falsas (”fake news”) a través de esa popular aplicación. Los electores del ultraderechista Jair Bolsonaro convirtieron sus teléfonos móviles casi en “fortalezas” desde las que atacaron al izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), muchas veces con mentiras, inconsistencias y falsedades.

La trascendencia del Whatsapp a lo largo de la campaña electoral fue tal que, luego de una investigación del diario “Folha de Sao Paulo”, el propio Bolsonaro resultó acusado de recibir dinero ilícito de parte de varios empresarios para comprar justamente “paquetes de ‘fake news’” que se enviarían más tarde por teléfono.

El uso del aplicativo para difundir mentiras provocó diversas reacciones de actores de la política local pero también de organismos y personalidades internacionales.

“Nos preocupa el uso de la noticia falsa para movilizar las voluntades de las personas”, afirmó Laura Chinchilla, ex presidente de Costa Rica y jefa de la misión electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Brasil.

“El fenómeno que estamos viendo no tiene precedentes en el mundo -dijo Chinchilla-; Whatsapp es una red privada, que presenta muchas complejidades para que se pueda investigar”, agregó.

La utilización del Whatsapp en la campaña brasileña cobró tal dimensión que en Chile, incluso, un senador pidió una ley que sirva para combatir la propagación de noticias falsas en su país, y la bautizó como “Ley Bolsonaro”.

La investigación

El candidato del PT, Fernando Haddad, fue “víctima” de muchas de las “fake news”. El rival político de Bolsonaro se quejó de la supuesta pasividad de la empresa. “Whatsapp puede fingir que no tiene nada que ver, pero también puede ayudar. Si tienen algún compromiso con los valores, deberán tomar recaudos”, planteó.

Durante la última semana, la Policía Federal de Brasil envió un pedido a la empresa para que facilite los números desde los cuales se enviaron noticias falsas en forma masiva para luego ser distribuidas por los usuarios. Sin embargo, como mencionó Chinchilla, el hecho de que Whatsapp sea una plataforma de mensajería privada puede dificultar las investigaciones.

Entre las cientos de “fake news” difundidas a lo largo de la campaña electoral, dos de ellas perjudicaron particularmente a Haddad. Una refiere al llamado “kit gay” y la otra, a un supuesto pago millonario del Partido de los Trabajadores a algunos medios a cambio de apoyo político.

El “kit gay” es la forma peyorativa de referirse a un proyecto que Haddad ideó cuando era ministro de Educación (2005-2012) y que se llamaba “Brasil sin homofobia”. La información falsa que se difundió es que, al mando del actual candidato del PT, el ministerio distribuyó material didáctico que fomentaba la homosexualidad entre niños de cinco y seis años. En realidad, el material, con un enfoque inclusivo sobre género y sexualidad, sólo estaba pensado para ser leído por profesores y además, nunca llegó a ser implementado. Sin embargo, según una encuesta reciente realizada por la empresa “Atlas Político”, un 36 % del electorado cree que efectivamente se distribuyó entre los niños en las escuelas.

De acuerdo a la misma empresa, un porcentaje similar de los encuestados dio como verdadero el presunto soborno del PT a algunos medios de comunicación.

“En Brasil, el 48 % de la población usa Whatsapp para compartir y hablar de noticias”, constató un estudio de la Universidad Federal de Minas Gerais recientemente. La cifra resulta en más de 100 millones de personas, en un país con una población aproximada de 209 millones y un padrón electoral de 147 millones.

 

Fuente: La Gaceta