Policiales

Amín, el hombre que asesinó a su esposa en 2007, se casó nuevamente en Villa Urquiza

Foto de Marisa Suárez

Pablo Antonio Amín, el santiagueño que en el año 2007 asesinó y mutiló a su mujer en el hotel Catalinas Park, se casó nuevamente.

La ceremonia y fiesta se realizó en el penal de Villa Urquiza donde Amín cumple su condena en el pabellón de máxima seguridad.

El asesinato en el 2007:

El análisis de la escena del crimen permitió reconstruir gran parte de lo sucedido. Tanto Amín como Arias estaban desnudos, pero no es seguro que hayan mantenido relaciones sexuales. Amín, un experto en artes marciales, habría atacado a su esposa cuando estaba ya dormida; por de pronto, el hombre no presentaba lesiones defensivas. En el cuello de ella quedaron las marcas de los dedos de él. Así la mató. Nadie en el quinto piso escuchó nada. No hubo gritos ni peleas. Habían pasado pocos minutos de las 2. Amín utilizó un elemento filoso (un cuchillo, una trincheta o una hoja de afeitar) para sacarle los globos oculares; los puso sobre la cama. Con el mismo elemento le hizo varios cortes en la frente y después comenzó a golpear el cuerpo. Este presentaba grandes hematomas en el tórax, en la espalda, en los brazos y en las piernas. Pero además la joven había sufrido profundas heridas en la vagina y en el ano. La habitación quedó teñida de rojo. No se sabe qué hizo Amín con el arma. Después, tomó el cadáver de los cabellos y salió de la habitación. No lo vieron, pero el rastro de sangre les permitió a los investigadores saber qué había sucedido. Bajó por las escaleras hasta el 4º piso y tiró el cuerpo por el hueco hacia el tercero. Caminó hasta allí y siguió arrastrando de los pelos el cuerpo hasta llegar al primer piso. En ese momento lo descubrió uno de los empleados del hotel y llamó al policía Miguel Concha, que estaba de guardia afuera. Cuando el uniformado llegó al primer piso, se asustó: Amín pateaba el cadáver con violencia. Fueron necesarias cuatro personas para reducirlo. “No se preocupen, estoy en estado de emoción violenta”, les advirtió, como dando a entender que la Justicia no podría juzgarlo. Desde el piso, seguía lanzando patadas hacia donde estaba el cuerpo de su esposa. Su furia asesina era incontenible.

“El Señor los va a perdonar”
“Por favor, dénme agua; estoy deshidratado. Me tragué el anillo. Lo tengo en la garganta. Dénme agua, y el Señor los va a perdonar”. Los alaridos de Pablo Amín se escuchaban desde la calle. “Quiero H2O. Quiero agua. Tengan misericordia”, gritaba Amín, a pesar de que le habían administrado tres calmantes por vía intravenosa. Los agentes policiales estaban estupefactos.


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