Salud

La caminata es buena, pero en algunos casos puede ser perjudicial

Se escucha hasta el infinito: “al menos deberías caminar”. La caminata, esa actividad al alcance de todos, es la más prescripta profesional como informalmente entre amigos y familiares.

Y es cierto que son muchos los que la practican con ganas y entusiasmo. El problema es que en esa indicación no hay referencia sobre la duración ni sobre la intensidad.

Y entonces el esfuerzo pierde un poco su foco y sentido. “Este es un punto de especial consideración -explica el profesor Jorge Roig, catedrático en Fisiología y Bioquímica del Ejercicio-, porque hay sobrada evidencia de que la intensidad de la actividad es aún más importante que el volumen a concretar de la misma, en todas las personas y en las diferentes edades”.

Contraindicaciones

¿Qué quiere decir? Que incluso caminando con regularidad podemos no notar diferencias en nuestra salud y físico. Suena desalentador pero es verdad. “Y puede hasta perjudicarnos”, va más allá el especialista.

Es que si se indica la caminata, por ejemplo, como un recurso para incrementar el gasto energético y ayudar a combatir el exceso de tejido graso, debería saberse que en una enorme cantidad de personas con sobrepeso u obesidad este propósito está limitado.

Así lo explica Roig: “Esa condición está asociada a una alteración de los mecanismos de utilización de la grasa como recurso energético. Así gastamos energía pero no gracias a lo que pueda aportarnos. Los azúcares cumplirán esa misión, cosa que demuestra el agitarse, síntoma de estar usando glucosa y no grasas privilegiadamente”.

Según el profesional, las personas que padecen obesidad suelen tener masa muscular y fuerza reducidas. Y esto no hace más que agravar la conquista del objetivo.

“No solo no pueden perder el excedente graso dado que el músculo está incapacitado para usarlo como combustible, sino que su aptitud muscular está fuertemente deprimida, su rendimiento es muy pobre y se cansan rápido”.

Masa muscular

Aquí llegamos al quid de la cuestión: la caminata puede perjudicar en estos casos, porque la masa muscular reducida se debe a la pérdida de un tipo de fibras que son las que garantizan poder realizar suficiente trabajo, en cantidad y calidad.

De este modo, se potencia la reducción de músculo en sujetos previamente sedentarios, como suelen serlo aquellos con exceso de peso.

Pero no te desilusiones, hay esperanza para todos. Porque en realidad la solución es entender que antes que nada, es imperioso ganar masa muscular.

“Ese es el orden, lo demás es riesgo”, acentúa Roig, y no se puede estar más de acuerdo.

Una caminata ligera, disfrutada con músculos firmes y preparados para soportar el esfuerzo, podrá completarse con la intensidad y duración requerida para ver reales efectos.

El mejor recorrido, entonces, puede empezar en el gimnasio.

 

FUENTE: La Nación


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