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El reparto del botín de un robo disparó una venganza que terminó con tres muertos

La historia parece larga, empezó por dinero y terminó con tres muertos en un ajuste de cuentas brutal. Alexis Sebastián Cáceres (21) trabajaba en una remisería de Villa Fiorito con Leonardo Duarte (33). Los dos se hicieron amigos y fue Duarte a quien Cáceres le contó -indignado- que un tal “Gordo Tomi” había increpado a su madre en la estación de servicio GNC en la que trabaja. Entonces prometió venganza por “la falta de respeto”.

Lo que todavía no se sabe es si Duarte ofreció su ayuda o si terminó en medio de una disputa familiar, vinculada al dinero del botín de un robo. El domingo a la noche, saludó a su mamá, prometió volver “enseguida” y se subió al Chevrolet Corsa gris de Cáceres. Se ubicó de copiloto y pasaron a buscar al primo de Alexis, Carlos Esteban González (30), por una casa en Pilar al 200, también de Villa Fiorito, al sur del GBA.

González se sentó atrás junto a su novia Macarena. Desde allí ejecutó su faena feroz: los mató a sangre fría y por la espalda.

Según fuentes policiales, los cuatro habrían ido a lo del “Gordo Tomi”, en Santiago Plaul y Yerbal, en Villa Caraza, en el límite que separa el partido de Lomas de Zamora con el de Lanús. Lejos de la venganza prometida, terminaron siendo víctimas de su cómplice.

Cáceres le habría pedido ayuda a su primo porque tenía un arma, y querían usarla para “apretar” a quien amenazó a su madre. Pero todo terminó al revés.

Es que Alexis no supo del rencor de su primo cuando lo llamó: estaba esperando una oportunidad para vengarse. “Cuando González cayó preso habría dejado un dinero en custodia de los padres de Cáceres, pero nunca se lo devolvieron. Por eso aprovechó la oportunidad y mató su hijo”, dijeron a Clarínfuentes policiales que intentaban armar el rompecabezas.

“Esteban mató al primo de un disparo en la cabeza y después le tiró a mi hermano para que no hablara. La ligó de rebote porque no tenía nada que ver con lo que estaba pasando. Nosotros lo que queremos es que se aclare y nos digan porqué este tipo hizo esto. Y si alguien más está involucrado, que vaya preso”, le dijo a este diario Yanina, la hermana de Leonardo Duarte.

El reparto del botín de un robo disparó una venganza que terminó con tres muertos

Leonardo Duarte (33), uno de los hombres ejecutados dentro de un auto en Villa Fiorito. Foto Mario Sayes

No conforme con el crimen, después de matar a Duarte y a Cáceres, González manejó el Corsa Gris con los cadáveres hasta Magallanes y Chubut, a cuatro cuadras de su casa. Entonces roció el auto con nafta y lo prendió fuego.

“La pareja, la única testigo, dice que se puso loco y como ella no reaccionaba también le tiró combustible y la quiso quemar viva. Los vecinos la ayudaron, se sacó la ropa en llamas y corrió a su casa en ropa interior, con algunas quemaduras”, confiaron las mismas fuentes.

Lo cierto es que para cuando los bomberos apagaron el incendio, la Policía descubrió los cuerpos. Por los testimonios de los vecinos de la cuadra, llegaron hasta la pareja y la fueron a buscar. “González estaba, pero con una crisis, y trasladaron a la mujer a la comisaría. Ahí se terminó de confirmar que fue él quien disparó”, informaron.

El reparto del botín de un robo disparó una venganza que terminó con tres muertos

El lugar donde fue quemado el auto en el que hallaron dos cuerpo calcinados, en Villa Fiorito.

Cuando los agentes regresaron a la casa de Pilar al 200 e intentaron detenerlo, González tomó de rehén a una joven de 23 años y a su hija de 6. “Las negociaciones empezaron alrededor de las 6 e intervino el Grupo Halcón. Lograron que dejara salir primero a la nena, después a la mujer. Pero tardaron unas cinco horas hasta que ingresaron pasado el mediodía. Hubo un enfrentamiento y varios disparos. González tiró contra la Policía, hirió al perro del equipo y terminó abatido”, confirmaron.

González, que tenía numerosos antecedentes por robos, cayó muerto en el comedor su casa de un disparo en la cabeza. Entre sus cosas habrían encontrado dos pistolas y una escopeta.

Fuente: Clarín