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Roar, la película que puso en peligro la vida de todo su elenco

En el film de 1981, su director y actor Noel Marshall, su exmujer y protagonista Tippi Hedren y su hijastra Melanie Griffith sufrieron heridas a manos de animales; se estima que más de 100 personas del equipo fueron gravemente lastimadas.

Mientras en 1969 se encontraba filmando en África el film de George Montgomery Satan’s Harvest, la actriz Tippi Hedren realizó junto a su entonces marido Noel Marshall – productor ejecutivo de El exorcista – un tour por Mozambique que le depararía unas cuantas sorpresas, dado que no se trataba de la prototípica travesía organizada. Por el contrario, la pareja halló una casa abandonada en cuyo interior se encontraban 30 leones sueltos. Lejos de incorporar ese instante como un anécdota más, Hedren y Marshall visualizaron la situación como algo bien distinto: la premisa para una película que buscara concientizar sobre el daño que se les hace a los animales cuando son removidos de su hábitat natural, y sin cuidado alguno. A priori, el concepto no parecía ilógico y el matrimonio se puso a trabajar codo a codo en uno de los largometrajes más anómalos del cine: la cinta de aventuras Roar.

Luego de que a comienzos de los 70 se eligiera como locación el rancho privado de Marshall de Acton, California, el realizador decidió que quería convertirse en el hombre orquesta de la producción y, de esta forma, escribió, dirigió y co-protagonizó el film en el papel de Hank, una suerte de héroe anónimo que vivía entre los leones y que luchaba por su preservación, al tiempo que se enfrentaba a las leyes gubernamentales. Como la inspiración surgió de ese viaje familiar, Marshall consideró que era apropiado que su esposa Hedren, la hija de ella ( Melanie Griffith ) y sus propios hijos, John y Jerry, fueran los encargados de personificar a la familia que va a visitar al patriarca y consecuentemente es atacada en su hogar por los gatos salvajes de su reserva. Sin embargo, Marshall no pudo prever que esos 132 leones, tigres, chitas y panteras con los que dormían, comían y pasaban sus días antes del rodaje, no estaban aptos para una filmación. De hecho, la convivencia con ellos como forma de preparación se documentó en una producción fotográfica realizada para la revista LIFE, suerte de calma antes de la tormenta.

Mordidas, gangrena y fracturas: el rodaje que se convirtió en una pesadilla

La ambición de Marshall nunca pudo ir de la mano con la realidad comercial a la que se enfrentaba la producción de Roar. El realizador había estipulado que la acción se registre guerrilla style, a partir del año 1976, durante seis meses y con tres millones de dólares de presupuesto. El margen de error era muy fino, y el rodaje nunca pudo estar a la altura del desafío primigenio. Posteriormente se reveló que Roar se filmó a lo largo de cinco años y que su presupuesto ascendió a los 17 millones. Sin embargo, los escollos no desmotivaron al matrimonio Hedren-Marshall. De hecho, ellos mismos financiaron la producción de sus bolsillos con tal de ver concretado ese sueño que había nacido en Mozambique. Por lo tanto, el estilo documental del film, analizándolo en retrospectiva, parece responder más a una incapacidad para realizar un film de manera segura que a una decisión estética deliberada. No importa cuál haya sido la motivación, lo cierto es que los integrantes del elenco y del equipo técnico se vieron forzados a convivir con animales salvajes que, a su vez, no estaban preparados para convivir con ellos.

La pesadilla comenzó cuando, al filmar las escenas feroces, los leones comenzaron a herir sin tregua. El total de ataques registrados alcanzó un número alarmante: 70 personas pusieron su vida en riesgo. Uno de los casos más graves fue el del director de fotografía Jan de Bont (quien luego se convertiría en realizador de films icónicos de los 90 como Máxima velocidad y Twister), cuyo cuero cabelludo fue parcialmente arrancado por un león, por lo que recibió 220 puntos. Increíblemente, cuando le dieron el alta, retomó su trabajo como si nada hubiese pasado. Marshall tampoco estuvo exento de los ataques y fue mordido en reiteradas oportunidades, muchas de ellas registradas por la cámara, casi como se tratara de una película snuff. De hecho, el daño que le hicieron al director fue tal que debió ser internado por un cuadro de gangrena. Hedren y su hija Griffith sufrieron pesadillas similares. La experimentada actriz se fracturó una pierna en una secuencia en la que se cayó del elefante Timbo porque no tenía protección, y posteriormente le diagnosticaron gangrena cuando fue mordida en el cuello por un animal. Griffith, por su parte, fue arañada por un león y tuvo que someterse a una cirugía de reconstrucción facial, temiendo quedar desfigurada por el resto de su vida. Dicha escena, insólitamente, también formó parte del corte final del film. “Mamá, no quiero terminar el rodaje con la mitad de mi cara arrancada”, le expresó entonces Griffith a Hedren, en un pedido desesperado que lo resume todo.

 

Fuente La Nación