Septiembre arrancará con nuevos paros universitarios en Tucumán
Adiunt confirmó que llevará a cabo medidas de fuerza el lunes y el martes, como continuidad de las jornadas de reclamo desarrolladas esta semana.
El conflicto en el ámbito universitario argentino se profundiza en un contexto de tensión política y económica. Tras las medidas de fuerza desplegadas durante agosto, la Asociación de Docentes e Investigadores de la Universidad Nacional de Tucumán (ADIUNT) confirmó una nueva huelga de 48 horas: lunes 1 y martes 2 de septiembre. La decisión se inscribe en un plan de lucha que, según las asambleas gremiales, podría endurecer las protestas si no existen respuestas concretas por parte del Ejecutivo nacional.
En los fundamentos del reclamo confluyen dos demandas centrales: un incremento salarial significativo y una mayor asignación presupuestaria para las universidades públicas. Los representantes sindicales denuncian que las propuestas oficiales son insuficientes. El secretario de Finanzas de ADIUNT, Ariel Osatinsky, cuestionó la oferta del gobierno de otorgar un 1% de aumento mensual y describió el impacto en los haberes: un docente a cargo de 40 horas percibe alrededor de $800.000, mientras que uno que dicta 10 horas cobra en torno a $250.000, cifras que —según los representantes— quedan lejos de una canasta familiar que el sindicato ubica en torno a los $1.200.000.
Además del bolsillo, los dirigentes advierten sobre la situación de la obra social: un número importante de docentes destina cerca del 30% de su salario para sostener prestaciones básicas y estiman que ese porcentaje aumentará en septiembre, lo que consideran insostenible. La adhesión a las recientes jornadas de paro —que, en la UNT, habría rondado el 70% en las aulas— es tomada por la dirigencia como un indicador del malestar reinante y del acento social que adquiere la protesta.
El inicio del segundo cuatrimestre en medio de paros rotativos, clases públicas y movilizaciones evidencia una universidad en alerta. La próxima jornada de huelga, prevista para los primeros días de septiembre, actuará como un termómetro de la capacidad de respuesta de las autoridades y de la voluntad de los trabajadores de sostener el reclamo en las calles y en las aulas.