Los restos óseos de un "niño vampiro" con un candado en sus tobillos han sido encontrados en una necrópolis llena de cuerpos de personas.

Arqueólogos de la Universidad de Nicolás Copérnico en Torun, Polonia, descubrieron el cadáver del siglo 17 en el pueblo de Pien en el sureste de Polonia, un punto caliente para tales descubrimientos macabros.

Hallan enterrado a un niño vampiro del siglo XVII con un candado en sus tobillos

El grupo descubrió los restos de 30 personas en una necrópolis en el cementerio que fueron "temidas no solo durante la vida, sino también después de la muerte", informa Daily Star.

El arqueólogo Dariusz PoliÅ„ski de la Universidad Nicolás Copérnico dijo sobre el niño, que se cree que tenía entre cinco y siete años: "El candado debajo del pie simboliza el cierre de una etapa de la vida y está destinado a proteger contra el regreso del difunto, que probablemente se temía.

"Tales prácticas se originaron en creencias populares y a veces se describen como antivampíricas".

Hallan enterrado a un niño vampiro del siglo XVII con un candado en sus tobillos

Palabra de especialista

En tanto, el arqueólogo Dariusz PoliÅ„ski, de la Universidad Nicolás Copérnico, dijo sobre el niño que se cree que tenía entre cinco y siete años. “El candado debajo del pie simboliza el cierre de una etapa de la vida y está destinado a proteger contra el regreso del difunto, que probablemente se temía. Tales prácticas se originaron en creencias populares y a veces se describen como antivampíricas”, sostuvo.

Se creía que, ser enterrado boca abajo, hacía que el difunto “mordiera el suelo y no dañara a los vivos”. A menos de dos metros de distancia, en septiembre de 2022, se encontraron los restos de una “vampiro” femenina, inmovilizada por una hoz.

Hallan enterrado a un niño vampiro del siglo XVII con un candado en sus tobillos
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El equipo que la encontró teorizó que la extraña colocación del candado y la hoz era una forma de mantener a la mujer en su tumba si intentaba levantarse.

PoliÅ„ski dijo en ese momento que los extraños elementos del entierro eran consistentes con las defensas contra “el regreso de los muertos”. “La hoz no se colocó plana, sino en el cuello de tal manera que si el fallecido hubiera tratado de levantarse, lo más probable es que la cabeza hubiera sido cortada o lesionada”, concluyó.