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Actualidad

30/06/2020

¿Por qué es imposible ir de Tierra del Fuego a Alaska en auto?

Para muchos de los viajeros que han tratado de recorrer América conduciendo, hay una obsesión, un pequeño pedazo de selva, una brecha en el camino que les obliga a detenerse.

Se trata de la región del Darién, aunque como se la conoce popularmente nos da una pista de lo que vamos a encontrar: el tapón del Darién.

Si nos acercamos hasta el Libro Guinness de los Récords para dar con la carretera más larga del mundo (siempre que se pueda conducir) observamos que se trata de la carretera Panamericana.

En realidad todo un sistema de vías de cerca de 50.000 kilómetros de largo que vincula a casi todos los países del Continente Americano con un tramo unido de carretera.

Desde que la carretera Dalton de Alaska se abrió en 1974, la Panamericana se ha extendido hacia el norte hasta los campos petroleros de Prudhoe Bay, Alaska.

Mientras tanto, su término más meridional es un estacionamiento de grava en el Parque Nacional Tierra del Fuego, en el extremo sur de Argentina.

Allí, un letrero señala claramente a lo que te expones sin pretendes ir hasta el norte: “Alaska: 17.848 km”, destaca el sitio Gizmodo.

Dicho esto, si decimos “casi” cuando hablamos de la Panamericana como carretera que conecta el continente, es porque hay una excepción de aproximadamente 130 kilómetros, el “tapón”.

Cuando llegamos al enclave nos encontramos con un área selvática y pantanosa que se ubica en el límite de América Central (Panamá) y América del Sur (Colombia), y que históricamente ha funcionado como una barrera natural a la comunicación en carretera entre ambos continentes.

La región del Darién es una mezcla de contrastes, desde el vasto pantano Atrato del lado colombiano hasta los picos de más de un kilómetros del lado panameño.

En cualquier caso, su conducción es poco menos que una cuestión de fe porque es muy difícil construir carreteras.

Además, la región también está dominada por una selva tropical protegida, hogar de varias culturas indígenas, y proporciona una barrera útil para obstaculizar el narcotráfico y la propagación de enfermedades.

Tal es así, que en la actualidad la mayoría de los viajeros evitan la brecha de 130 kilómetros en barco o avión. Por supuesto, no todos. Algunas almas aventureras han intentado la caminata por tierra.

Por ejemplo, una expedición de 1960 cruzó el tapón en Jeeps y Land Rovers (les tomó cinco meses con un promedio de 200 metros por hora), y el libro de 1988 de George Meegan, The Longest Walk, describe su paso de siete años desde Tierra del Fuego a Alaska, incluido su tránsito por Darién a pie.

Por cierto, con la investigación que siguió a la expedición del 59 se logró ayudar a establecer el Parque Nacional Darién como Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

Doce años después, el explorador y Coronel John Blashford-Snell, dirigió a un equipo de 60 personas en Range Rovers en lo que se conoce como el primer viaje completo por carretera desde Alaska hasta el Cabo de Hornos, y sí, a través de Darién también. De hecho, la sección de la ruta la describió como “el desafío más difícil de su carrera”.

Si nos remontamos al principio de los libros, los españoles hicieron su primer asentamiento en el continente americano en la zona en 1510, aunque no salieron muy bien parados varios años después de que las tribus los expulsaran. Luego fueron los escoceses.

Después de establecer una colonia comercial costera en 1698, la mayoría de los colonos perecieron de enfermedades y ataques.

La pérdida agotaría la riqueza escocesa suficiente como para comprometer su independencia menos de una década después, cuando el país optó por firmar el Tratado de la Unión.

Hoy, la brecha es aún más peligrosa de lo que fue en el pasado, un desierto sin ley donde, incluso con un guía, no es fácil mantenerse alejado de los peligros derivados del narcotráfico.