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Economía

06/10/2021

Siete de cada diez argentinos son analfabetos financieros

El autoaprendizaje, a través de plataformas virtuales y talleres, es la opción más recurrente ante la falta de herramientas financieras en aulas secundarias. Cuál es el panorama actual y por qué es importante cambiarlo.

En Argentina, la economía es un tanto complicada. No solo por la devaluación, la inflación y la necesidad de generar nuevas maniobras que permitan obtener ingresos sino que además, sus términos y conceptos no suelen amigarse -desde una edad temprana- con los ciudadanos.

De hecho, si bien la pandemia del Covid-19 obligó la bancarización de los argentinos, para que estos pudieran recibir diferentes beneficios monetarios, más de la mitad del país no tiene noción de este instrumento, por ejemplo.

La enseñanza funciona como un motor para que la sociedad crezca e incorpore conocimientos para su propio bien. Algo así como una pieza clave que permite prosperar y ser parte de un cambio generacional.

En esta línea, todos deberían conocer la posibilidad de canalizar ahorros dentro del mercado de capitales, tener noción del valor del dinero o mismo saber priorizar, elegir y manejar presupuestos personales a partir de una administración correcta.

Si bien existe un capítulo sobre Inclusión Financiera en la Ley 27.440 de Financiamiento Productivo y un Plan Nacional de Educación Financiera (PNEF), las escuelas secundarias -a nivel federal- todavía no lo implementan de manera oficial y parcial.

Es así como aún se trabaja en el diagnóstico sobre conocimientos, actitudes y comportamientos de la población para integrarse como herramienta dentro del enfoque, los desafíos y la serie de acciones estratégicas que los organismos responsables deberían adoptar.

La primera mesa de trabajo, en el marco del Consejo de Coordinación de la Inclusión Financiera, se hizo en mayo de este año para reunir sugerencias acerca de este tema.

Allí, Claudia Simonte, directora de Inclusión Financiera y Financiamiento Social, dijo que “el PNEF 2021-2023 tiene como visión promover la igualdad de oportunidades y el acceso universal a productos financieros a través de un enfoque basado en derechos humanos”.

Mientras el proceso de inclusión se analiza, la capacitación por fuera del plan de estudios -para tratar de tomar decisiones acertadas y tener una mejor calidad de vida- se hace cada vez más recurrente.

“La gente adquiere conocimientos por su cuenta, con el riesgo que significa su ignorancia, y siendo temas de educación transversales a toda la población, que van a necesitar a lo largo de su vida, partiendo de la base de que una situación financiera sana proporciona cierto grado de paz mental”, dice José Pablo Dapena.

Dapena, director del Departamento de Finanzas de la Universidad del CEMA, considera que para revertir esta situación es necesario reconocer su importancia. “Además se deben formar a los docentes dado a que es muy difícil que alguien pueda enseñar algo que no entiende o aplica”, agrega.

Para él, el momento ideal para comenzar con la formación es cuando un niño inicia relación con el dinero. Al adquirir uso de razón, a través de talleres y juegos, como el Monopoly o El Estanciero, se podría evitar una innecesaria exposición.

Por otra parte, también es fundamental aplicarla: “Un Estado que de manera crónica no respeta la restricción presupuestaria, no predica con el ejemplo. También en el concepto de endeudamiento, la única manera de generar credibilidad y reputación es cumpliendo con la palabra”.

“El desconocimiento muchas veces es funcional a cierta clase de dirigentes o estafadores. Por eso, el desafío es cambiarlo, permitiendo una mayor conciencia de gastos, deuda e inversiones, y del sistema financiero que interrelaciona a las personas”, aclara José Pablo, también director de la Maestría de Finanzas.

La economista Julieta Caminetsky, desde su lado como profesora, apunta a debatir en las aulas: “Sería muy útil para quienes vayan a estudiar una carrera afín a la economía, pero mucho más para quienes elijan otras profesiones o actividades y se alejen del tema”.

Según su mirada, los jóvenes evidencian, por un lado, un desencanto con las formas tradicionales de enseñanza, y por el otro, un interés por destinar su tiempo en aprender destrezas que le servirán en la vida adulta.

“El 72% son analfabetos financieros, lo que se traduce en vulnerabilidad económica y una falta de oportunidades para ellos, sus familias y sus comunidades”, dice y sigue: “Es decir, el 99% de la población sabe leer y escribir pero no puede interpretar los productos financieros ni las noticias del diario, ni tomar decisiones estratégicas para sus vidas”.

En base a esto y ante la fuerte presencia de podcasts, programas y acceso a la tecnología, Caminetsky remarca que es importante no promover la ambición desmedida.

Por el momento, mientras el Banco Central de la República Argentina (BCRA) publica semestralmente informes que sirven de base para seguir la evolución de indicadores socioeconómicos, habrá que esperar un cambio en el que todos los sectores sociales tengan la misma capacidad de sumarse a la gama de servicios financieros.

Fuente: Ámbito