Éxodo de médicos y servicios que bajan su nivel

“Está en riesgo la seguridad del paciente” en un sistema sanitario que cruje. Con tres trabajos, un médico no llega a lo que gana una persona que lava copas en otro país.
domingo 21 de mayo de 2023
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Un cirujano cardiovascular pediátrico de 47 años, que invirtió más de una década en su formación, hace trasplantes capilares por la tarde para sumar al salario del hospital. Una colega, de 37 años, de un centro de referencia nacional, optó por un emprendimiento privado con una dermatóloga que duplica sus ganancias. En agosto pasado, un licenciado en enfermería se registró como conductor en una app para poder sostener con el trabajo de su esposa un ingreso de clase media. En silencio, un sistema sanitario cada vez menos atractivo para los profesionales está crujiendo, mientras el personal intenta dar respuesta a las necesidades de la población. 

Se trata de un flagelo que afecta a varios países en el mundo: la pandemia de 2020 y sus graves consecuencias agudizaron las dificultades de los sistemas de salud y las falencias quedaron al descubierto como nunca antes.

Los problemas estructurales que expulsan médicos tampoco son privativos de la Argentina. Sin embargo, en nuestro país, los obstáculos se potencian. Influyen las condiciones en las que trabaja el personal de la salud con horarios interminables y la necesidad de tener empleos paralelos para sostener salarios en medio de una escalada inflacionaria. Vivir de guardia, no tener descanso suficiente, alcanzar un techo en lo jerárquico para avanzar en la carrera y carecer de incentivos para la dedicación a la docencia y la investigación están entre las principales deudas. Médicos desbordados, que atraviesan situaciones de estrés a diario y perciben sueldos que no rinden explican el éxodo de profesionales. La pregunta inevitable en este contexto es: ¿Quién nos va a cuidar? Este artículo es el primero de una serie de La Nación que apunta a visibilizar la crisis en la que está inmerso el sistema sanitario argentino en lo más valioso para la calidad en la atención: su recurso humano.

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Daniela Olmos Kutscherauer es médica intensivista en la ciudad de Córdoba y tiene tres empleos, como el promedio de sus colegas en el resto del país. En su caso, trabaja en un hospital municipal, en el Ente Coordinador de Ablación e Implante provincial y además es profesora asistente por concurso en la Universidad Nacional de Córdoba y del posgrado en terapia intensiva. “Duele mucho que, después de una pandemia y, sobre todo, de la entrega que tuvo todo el equipo de salud, hoy estemos en el olvido”, señala.

Con unas 90 horas de trabajo semanal y 10 de docencia, el ingreso mensual no alcanza el equivalente a US$1000. “Con tres trabajos, un médico no llega a lo que gana una persona que lava copas en otro país. Es indignante. No importa cuántos años de carrera y posgrados o maestrías se tengan. Y esto no es exclusivo de una especialidad: es lo mismo para los médicos, los enfermeros y todas las disciplinas en salud”, sostiene Olmos Kutscherauer.

Un especialista que es jefe de servicio en un hospital universitario cobró, además de su salario, $1100 por cada uno de los ocho pacientes que atendió en la primera quincena del mes pasado, que abonan planes de cobertura familiar de entre $120.00 y 140.000. Con ese ingreso, a fin de mes, debía cubrir por lo menos el alquiler del consultorio. No pudo. Desde el Hospital de Niños Sor María Ludovica, en la ciudad de La Plata, la Asociación de Profesionales con los jefes de servicio, sala y unidad denuncian “un éxodo imparable” de pediatras, como en otras especialidades. Afirman que el bajo salario -un ingresante a planta percibe $210.000 por 36 horas semanales, sin guardia- los empuja a sumar nuevos empleos, con un nivel de desgaste profesional que resiente la atención. El año pasado, familiares de pacientes y el personal hicieron abrazos simbólicos para que se revierta el deterioro en ese centro pediátrico de referencia.

“Con tres trabajos, un médico no llega a lo que gana una persona que lava copas en otro país. Es indignante. No importa cuántos años de carrera y posgrados o maestrías se tengan”

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Puestos vacantes, falta de turnos y suspensión de servicios Para la segunda readjudicación de residencias por cargos que quedaron vacantes en el concurso de 2022, en el sitio del Ministerio de Salud de la Nación se ofrecieron 975 resultados con uno o más puestos por cubrir en instituciones con financiamiento nacional o provincial. Se desconoce cuántos finalmente se ocuparon. Salud mental, terapia intensiva, pediatría, neonatología, bioquímica clínica, cirugía, trabajo social, cardiología, urología…sucede en todas las disciplinas.

La migración, sobre todo a propuestas en Europa, atrae especialmente a los más jóvenes. Esta crisis en la renovación del recurso humano se agrava con las renuncias en el sistema que dejan cargos sin cubrir. La demora para conseguir turnos, los carteles que anuncian la reducción del horario de atención en distintos servicios y la suspensión de la oferta de ciertas especialidades “hasta nuevo aviso” así lo prueban. El jefe del Servicio de Clínica Médica del Instituto Lanari y jefe de trabajos prácticos en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, Roberto Freue, viene advirtiendo que podrían faltar médicos en la Argentina.

Señala que el problema común a todos los subsistemas en que se divide el sistema sanitario es el bajo ingreso con respecto a la demanda de tareas. “No existe un médico que pueda trabajar en un solo subsistema o con una sola actividad -sostiene-. La mayoría multiplica las actividades para poder redondear un sueldo adecuado. En el sector público está también la falta de insumos que, en estos momentos, con las dificultades que hay para la provisión, se vuelve más latente. Hay que imaginar una licitación hoy en la Argentina, con un dólar que cambia todos los días y la alta inflación. Muchas veces, las ofertas quedan cerradas y esto acentúa el faltante”.

En los hospitales, según agrega, hay que lidiar todavía más que en el sistema privado con las agresiones. “Parecería que el personal de la salud es el culpable de los problemas de la población y así se lo hacen saber a diario de manera verbal o físicamente. El aspecto común que atraviesa a todo el personal de salud es la frustración y el desgaste”, amplía Freue desde su consultorio de Palermo.

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Fatiga en hospitales, sanatorios y en las ambulancias El diagnóstico oficial de la Dirección Nacional de Talento Humano había apuntado durante la pandemia sobre la “escasez de profesionales en áreas críticas y una disminución de la cantidad en formación, en especial en determinadas regiones y provincias del país”. En enero de 2021, en una reunión del Consejo Federal de Salud (Cofesa), se presentó un plan para resolver cinco problemas: inequidad en la calidad y cantidad del personal de salud; exceso de burocracia, ineficiencia y falta de integración del sistema sanitario; pérdida del interés en las residencias de parte de los profesionales recién recibidos; falta de coordinación y jerarquización del personal en el primer nivel de atención, y crisis laboral en el recurso humano en general.

En hospitales, sanatorios o a bordo de ambulancias continúa la referencia al agotamiento o burnout, presente en el diagnóstico de hace dos años. El personal de salud no termina de recuperarse de la pandemia, la puesta al día con la atención habitual y la contención de nuevas emergencias, como la epidemia de dengue. Alrededor de uno de cada cuatro médicos (26,4%) dijo convivir con esa fatiga extrema, de acuerdo con una encuesta de la Agremiación Médica Platense el año pasado.

En tanto, el 96,3% de los médicos y el 68,1% de los enfermeros aseguraron tener más de un empleo, en la mayoría, por necesidad u oportunidad de mejorar el ingreso o cubrir los gastos mensuales, de acuerdo con una encuesta a profesionales que viven y trabajan en el área metropolitana de Buenos Aires, publicada en la Revista Argentina de Salud Pública en febrero pasado. Los testimonios de profesionales en otros distritos del país describen la misma realidad.

El aumento de los niveles de desgaste profesional, con falta de motivación, impacta de manera directa en el desempeño cotidiano y la calidad de la atención.

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Estamos expuestos al maltrato y a la agresión física y verbal, aunque seamos empáticos ante el dolor por el sufrimiento o la pérdida de un ser querido”, agrega Olmos Kutscherauer, que es titular de la Regional Centro de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI). “Tenemos que tener cuidado por dónde vamos o dónde dejamos el auto para que no nos roben la mochila, donde por ahí tenemos la computadora –continúa–. Amo a mi país y a mi trabajo, pero trabajo 90 horas semanales y es difícil cubrir los gastos familiares”. Una convocatoria a radiólogos para cubrir cuatro puestos en ciudades pequeñas de Francia, por ejemplo, está ofreciendo 9000 euros por 10 días de trabajo al mes, sin guardias ni trabajo los fines de semana.

“Estamos expuestos al maltrato y a la agresión física y verbal, aunque seamos empáticos ante el dolor por el sufrimiento”

En plena cuarentena, hace tres años, durante la primera ola de infecciones por el virus de Covid-19, los profesionales de la salud alzaron la voz. “No nos aplaudan más”, pidieron a la población, pero sobre todo a la dirigencia política. Denunciaban así problemas con los honorarios y las condiciones de trabajo, tras el anuncio de una suma extra al personal del Congreso por tareas presenciales. El presidente Alberto Fernández tuvo que disculparse por afirmar que el sistema sanitario se había relajado, al referirse a la alta ocupación de camas en el sector privado en abril de 2021. “Durante la pandemia y luego, cuando empezó a normalizarse la atención, se agudizaron problemas crónicos en muchas especialidades médicas como el multiempleo, los bajos salarios y honorarios, el agotamiento y la violencia laboral”, analiza Adolfo Sánchez de León, secretario general del Grupo PAIS (Pacto Argentino por la Inclusión en Salud), que reúne a un centenar de profesionales de múltiples disciplinas e instituciones que se dedican a la salud pública.

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Al inaugurar las últimas sesiones ordinarias en el Congreso, el Presidente señaló: “No nos olvidamos de nuestros médicos y médicas, de nuestros enfermeros y enfermeras y de todo el personal que trabaja en el ámbito de la salud”.

A los dos días, en un acto en el Centro Cultural Kirchner (CCK), frente a la Casa Rosada, le expresó “gratitud eterna” a un auditorio con profesionales convocados por el Ministerio de Salud de la Nación. En estos tres años, al conversar con los profesionales en guardias o pasillos de hospitales, clínicas o salas de atención comunitaria, el enojo por la falta de reconocimiento sin diferencias políticas se volvió resignación. Los médicos residentes lograron mejorar su ingreso y condiciones de trabajo, solo después de movilizarse por las calles y de que se empezara a tomar conciencia de que, de continuar el conflicto, podía poner en jaque el sistema sanitario, como publicó La Nación.

Se aceleró, así, la actualización de la ley marco, en medio de las protestas, que se intensificaron hacia finales del año pasado. En una reunión en el Ministerio de Salud de la Nación, a un grupo de esos médicos en formación se les anticipó que se modificaría la ley que desde hacía décadas demandaba una actualización, como venían haciendo notar desde las facultades de Medicina, la Academia Nacional de Medicina y referentes en esa área. “Los profesionales jóvenes se van y hay especialidades que están entrando en una espiral crítica. El ingreso promedio se cae cada vez más en una pirámide salarial que está bastante aplastada y sin estímulo por producción”, enumera Marcelo García Dieguez, coautor de un estudio sobre multiempleo publicado en febrero pasado. “Es necesario empezar a mirar cuanto antes dónde están los mayores problemas hoy en el funcionamiento del sistema de salud para destinar ahí los estímulos y empezar a generar políticas a partir de esos datos”, agrega.

“Los profesionales jóvenes se van y hay especialidades que están entrando en una espiral crítica”

Sin dudar, García Dieguez, profesor asociado de la Universidad Nacional del Sur y exdirector nacional de Capital Humano del Ministerio de Salud de la Nación, plantea que el desafío incluye cambiar el modelo de carrera profesional. “Como está hoy, no estimula. El mayor peso relativo del crecimiento en la carrera se está dando con la antigüedad, en lugar de los méritos”.

El relevamiento sobre multiempleo, a través de una muestra representativa de médicos y enfermeros que viven y trabajan en el AMBA (2910 participantes), indicó que el 96,3% de los médicos y el 68,1% de los enfermeros tienen varios trabajos: en enfermería, el promedio es de dos empleos y, en medicina, tres en el sector público, privado, gestión (consultoría o asesoría) y docencia.

Obtener mayores ingresos para asegurar la subsistencia o sostener consumos para una vida digna”, como explican los autores, es lo que más motiva los empleos simultáneos. Le siguen la estabilidad y la seguridad laboral, más garantizada en el sector público. Estas cifras, de acuerdo con el equipo, son superiores a las reportadas por las estadísticas, los informes oficiales sobre recursos humanos o los registros de empleo. “Está en riesgo la seguridad de los pacientes”.

La jornada laboral por encima de lo recomendado sumada a la necesidad de traslados entre lugares de trabajo, ponen en riesgo la calidad de trabajo. Esto debemos sumarlo a un grupo profesional feminizado con presión por las responsabilidades familiares, que siguen distribuidas asimétricamente en la sociedad. Todo esto pone en riesgo la seguridad de los pacientes y la salud de los médicos”, señaló García Dieguez, hace un mes, en la Revista Médicos tras la publicación del estudio. Ante este escenario, si se quisiera implementar una reforma del sistema sanitario basada en la Atención Primaria de la Salud (APS) no se podría, según plantea Sánchez de León.

La APS demanda la organización de la atención por niveles de acuerdo con las necesidades de la población para el acceso oportuno y cercano a los servicios que van desde la prevención hasta la rehabilitación y los cuidados paliativos. “No hay suficientes médicos generalistas y de familia para implementarla y, si empezáramos a formarlos, los incentivos del sistema harían que los médicos no elijan esa especialidad o, si lo hicieran, que migren rápido a otras”, describe.

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El Estado, para Freue, “no está a la altura” para dar respuesta a una “crisis absoluta” en la atención. Si no es con una reforma profunda, la única forma de cambiar el escenario es, según su mirada, con un salario con el que el personal considere que formarse, tener responsabilidad y avanzar en la carrera va a tener un premio, algo que no ocurre. “En charlas permanentes con médicos jóvenes que terminaron la carrera, el pesimismo es notorio. Alumnos que eran brillantes, se alejan del sistema, abandonan la residencia y dejan la medicina pensando qué hacer de su vida. Esto no pasa solo en la medicina y tiene un componente generacional, pero en una carrera con tanta exigencia es más evidente”, destaca.

“Alumnos que eran brillantes, se alejan del sistema, abandonan la residencia y dejan la medicina pensando qué hacer de su vida”

Sánchez de León advierte en los más jóvenes una transición de una visión más vocacional a una que contempla el factor económico, el entorno laboral y las exigencias horarias antes de aceptar un trabajo. “Se empieza a percibir una baja calidad en la atención médica en muchos establecimientos públicos y privados –indica–. En un futuro muy cercano, todos estos problemas harán que el sistema de salud entre en una crisis inédita y de difícil resolución si no se toman medidas urgentes”.

FUENTE: La Nación

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