Cuáles son los riesgos de "tomarse un clona" sin receta

En el Día Mundial de la Salud Mental, un psiquiatra alerta a los pacientes sobre los peligros de la autoprescripción.
martes 10 de octubre de 2023
Cuáles son los riesgos de "tomarse un clona" sin receta
Cuáles son los riesgos de "tomarse un clona" sin receta

Doctor, yo estoy tomando hace un tiempo clonazepam.

-¿Y quién le dio este medicamento?

-Y... me lo dio una tía mía que me dijo que le hacía muy bien.

-¿Hace cuánto lo está tomando?

-Tomo un poquito todos los días, hace como dos años.

-¿Y quién le hace las recetas?

-Voy a la guardia, voy al clínico y les pido que me hagan una receta, o la consigo por algún lado, y a veces en la farmacia me la venden.

Este diálogo, que según relata puede ocurrir un día cualquiera en el consultorio del psiquiatra Marcelo Cetkovich y seguramente en el de muchos de sus colegas; ilustra y condensa los principales problemas que preocupan a los profesionales de la salud mental.

La falta de información -y por ende de concientización-, el rol del "boca a boca", el fácil acceso posibilitado por un ineficiente control y la existencia de un circuito ilegal de un medicamento que tiene altas chances de volverse adictivo; parecen formar parte del “caldo de cultivo” que pone a nuestro país en un triste ranking: el de, según indica Cetkovich en base a datos del SEDRONAR, ser uno de los principales consumidores de ansiolíticos.

En el Día Mundial de la Salud Mental, el director médico de INECO y vicepresidente de la Asociación Argentina de Psiquiatras (AAP), analizó este singular fenómeno.

¿Cuáles son los riesgos de la automedicación y respecto a qué drogas esta temática preocupa más?

—Más allá de que hay un problema con diversas especialidades, ya que hay automedicación con antibióticos, con analgésicos y antiinflamatorios; en el campo concreto de la psiquiatría tenemos un problema muy grave, que es el uso no controlado de diversos psicofármacos, particularmente los tranquilizantes, lo que denominamos en términos técnicos las benzodiacepinas ansiolíticas.

Es una familia de medicamentos muy grande, que tiene indicaciones muy precisas. Son muy utilizados porque son altamente eficaces y seguros, pero siempre bajo seguimiento y control médico.

Se da con mucha frecuencia el uso que puede denominarse "de boca en boca", en el cual una persona le dice a otra "mirá, esto me hizo bien, es probable que también te haga bien".

Y como estos medicamentos son muy eficaces para controlar los síntomas de la ansiedad, es muy fácil que uno quede asombrado por esa eficacia, y que siga "yo estaba muy preocupado, muy angustiado, tomé esto y me siento mucho mejor".

Es muy fácil incurrir en el uso desregulado, porque son son muy eficaces para controlar los síntomas, pero tienen muchos efectos colaterales y deben ser controlados por un profesional, como todos los medicamentos.

¿Qué profesional debería recetarlos?

—Si bien muchos psicofármacos pueden ser recetados por médicos generales, bajo ciertas condiciones, con ciertas precauciones y en ciertos contextos; y de la misma manera que uno aspira a que el que controle la indicación de un antibiótico sea un infectólogo, en el caso de los psicofármacos, lo ideal es que el que controle y supervise la indicación de un psicofármaco sea un psiquiatra.

Cuando esto no ocurre, y no hay ningún médico, ningún profesional de la salud presente, eso sería automedicación. Los únicos profesionales de la salud que están en condiciones de manejar medicamentos son los médicos.

¿Cómo es que resulta tan sencillo acceder a estos medicamentos?

—Se supone que todos los psicofármacos son expendidos bajo una receta controlada, que tiene un duplicado que queda en la farmacia. Esto debería ser siempre así.

Yo no puedo hacer una denuncia, porque no tengo pruebas, pero hay un uso descontrolado, hay posiblemente una inadecuada supervisión de la prescripción de estos medicamentos, que no es culpa de los psiquiatras, y además hay probablemente un círculo ilegal de circulación de tranquilizantes, el cual facilita el acceso a personas sin la prescripción médica adecuada.

Es algo que sabemos que ocurre. Somos uno de los países que más ansiolíticos consume en el mundo, pero esto no es algo que le podamos achacar a los psiquiatras y a los médicos, es algo que excede el control médico, hay un sistema perverso que favorece que de alguna forma las personas accedan a estos medicamentos sin el control adecuado.

—¿Cuáles son los riesgos de consumirlos sin la supervisión adecuada?

—El problema de estos medicamentos, los ansiolíticos, es que son muy adictivos. Y una vez que uno empezó a tomarlos, es bastante fácil cronificar el uso y seguir tomándolos en forma permanente. Lo cual es más grave aún, y esto la gente no lo sabe.

Como ocurre con el cigarrillo y con toda sustancia adictiva, la gente por ejemplo cree que prende un cigarrillo para controlar la ansiedad, pero lo que está controlando es el síndrome de abstinencia a la nicotina. Bueno, con los ansiolíticos pasa lo mismo.

Es cierto que estamos todos ansiosos, porque vivimos en una situación de incertidumbre, en un país en el que particularmente vivimos de disgusto en disgusto, y es normal estar en un estado de expectación defensiva, esperando que pase algo. Pero no es normal hacerlo eso permanentemente bajo los efectos de benzodiacepinas.

Entonces, las personas creen que toman benzodiacepinas para estar más tranquilas, pero que una vez que lo empiezan a hacer, cuando desarrollan un cuadro de adicción, toman la benzodiacepina para evitar la falta de la benzodiacepina en la sangre. Esa es la adicción, lo que hay que evitar.

Además de esto, el uso de estos medicamentos a largo plazo puede afectar al funcionamiento cognitivo, fundamentalmente, trastornos de memoria, dificultades para concentrarse. Pueden desarrollar síntomas de depresión, apatía.

Además, es bueno saber que aumentan los riesgos de que las personas tengan accidentes si conducen bajo sus efectos, igual que el alcohol. Pero más que nada eso, depresión, trastornos cognitivos, es lo más significativo en el caso de las benzodiacepinas.

Con lo cual, la recomendación que uno tiene de hacer a todas las personas que están tomando una benzodiacepina, es que consulten con un médico que explique cómo lo pueden manejar, de hecho, hay muchas formas de manejar la ansiedad sin medicamentos.

Afortunadamente, hoy en día, hay una enorme cantidad de recursos que nos permiten aprender a manejarla, empezando por las psicoterapias, siguiendo por las técnicas de relajación. Y después saber que todo lo que te hace bien te ayuda a manejar la ansiedad. Eso incluye vida sana, el deporte, comer sano, evitar los tóxicos, el alcohol, el cigarrillo; todo lo que te hace bien, te ayuda a estar menos ansioso.

—¿Qué recaudos deben tener las personas para suspender su consumo? ¿Se debe consultar?

—Es un proceso muy complicado que se llama hiperbólico. Retirar un tratamiento ansiolítico tiene sus sus vueltas, y debe ser regulado por un especialista, porque se puede producir síndrome de abstinencia con síntomas graves.

—Más allá de las condiciones del país, de la incertidumbre, de la ansiedad, ¿falta información y por ende concientización respecto a los riesgos de su uso?

—Sí, falta información y falta conciencia, porque la gente no sabe que son medicamentos que tienen sus cuestiones. No solamente en el acto médico es importante la obligación del médico, es decir, no solo el medico te dice “tenes que tomar este medicamento porque te va a hacer bien para tal síntoma”, sino que también es importante que el médico haga un consentimiento informado, decirle que puede producir efectos colaterales, y que tenés que conocer para evitarlos.

También la interacción con otros medicamentos o drogas...

—Exactamente, las interacciones con otros medicamentos, en el caso de las benzodiacepinas con el alcohol, hay una serie de recomendaciones. El médico no solo hace la receta, la receta es el resultado final y es el punto a partir del cual el médico comienza a hablar del medicamento con la persona.

Pero ese médico tiene que dar una serie de explicaciones, y el sistema médico colapsado que tenemos conspira contra eso, también hay que decirlo. Porque el médico a veces tiene que atender una cantidad de pacientes en un lapso de tiempo que suele impedir que pueda hacer ese trabajo lo más adecuadamente posible.

La edad media de inicio de consumo de estos medicamentos es los 40 años, según datos del SEDRONAR ¿Hay algún grupo etario en particular en el que note que crece su consumo?

—No en particular, se ve en gente mayor, se ve en gente joven, está bastante bien distribuido desde la observación clínica.

Debemos tener en cuenta que los jóvenes han sufrido mucho durante la pandemia. Los síntomas de ansiedad en la juventud son de enorme importancia y trascendencia, y hay mucho malestar y en muchos casos los jóvenes los consumen para evitar los síntomas de ansiedad.

—Desde INECO hicieron hace unos años un estudio que indicaba que 4 millones de personas consumen antidepresivos. ¿Sucede con estos medicamentos lo mismo que con los ansiolíticos?

—Los antidepresivos son otra familia de medicamentos que deben tener un control muy estricto, aún más que los ansiolíticos. Hay muchas personas que consumen antidepresivos. Y hemos identificado que también en los antidepresivos hay un consumo no controlado, no regulado, no supervisado por profesionales.

Son medicamentos que se caracterizan por ser altamente eficaces a una serie de condiciones, no solamente contra la depresión, y requieren un seguimiento estrecho. / Clarín