Por qué el 29 de mayo se festeja el Día del Folclorista

Hoy se celebra, como todos los años, el día Nacional del Folklorista por Andrés Chazarreta, músico santiagueño que dejó huella en la música popular.
miércoles 29 de mayo de 2024

En nuestro país el Día del Folclorista, que se celebra cada 29 de mayo, desde el 7 de abril de 2011, cuando fue promulgada la Ley 26665, que lo instituye en memoria del natalicio de Andrés Chazarreta.

Nacido en Santiago del Estero, Andrés Avelino Chazarreta es considerado el primer difusor de la música argentina y principal promotor del género que lo llevó por todo el país, desde 1906 con su Conjunto de Arte Nativo, cuyo momento histórico fue la presentación en el Teatro Politeama, de Buenos Aires, el 16 de marzo de 1921.

En la actualidad, su antigua morada en la capital santiagueña fue transformada en un museo folclórico que lleva su nombre, perpetuando su rica herencia cultural y manteniendo viva su indomable pasión por el folclore argentino. 

No es que a Don Chazarreta se le ocurrió así porque sí convertirse en un pionero del género; al contrario, el hombre pasó 27 años de su vida ejerciendo la docencia, mientras, eso sí, saldaba su apetito musical tocando la guitarra, la mandolina, el violín, el piano o la bandurria.

El primer empresario del folclore

Pero en 1905, con la Zamba de Vargas, inició una tarea de recopilación que continuó por más de cincuenta años. Ahí sí, no sólo fue de los primeros en emprender una tarea de recopilación del cancionero popular, sino que además fue el primero en crear y sostener su propia compañía de música y danza.

En ese afán, llevó el género a la categoría de espectáculo y a ámbitos que hasta entonces le estaban vedados, como los teatros de las ciudades. Algo así, don Chazarreta, como el primer empresario del folclore, al que seguramente hubiera repudiado más de uno de los que hoy lo veneran; por eso, de la alergia a los emprendedores, claro.

Afortunadamente, Andrés Avelino no parece haber tenido que enfrentarse a ese problema, si bien tuvo que lidiar con parte del público, que en algunas de sus presentaciones decidía levantarse de sus butacas y abandonar la sala de ocasión con aires de espanto.

Dice Wikipedia que bajo el título El coro de las selvas y las montañas, el poeta, historiador y político Ricardo Rojas publicó en el diario La Nación una entusiasta crítica que ensalzaba la presentación como “un trozo de la vida del interior trasplantada a la ciudad cosmopolita”.

El "aluvión folclórico"

Un golpe a la mandíbula del refinamiento de la alta s(u)ciudad que suponía que los teatros habían sido construidos para algo muy distinto que para mostrar gente descalza y con una parva de años encima haciendo una música que no sonaba a salones europeos.

En cambio, sí sonaba a lo que desde entonces iba a empezar a ser conocido como triunfo, refalosa, cuando, escondido y una pila más de estilos musicales a los que el tiempo les dio un lugar para consolidarse como parte de acervo argentino. 

Dicen los que saben que aquella presentación de 1921 en el Politeama marcó un antes y un después en el desarrollo de la música folclórica argentina.

"Se trataba de la primera vez que la música del campo llegaba a la ciudad, al centro de la Argentina y a un teatro. Era la primera obra presentada en la gran ciudad, puesta a consideración de un público acostumbrado a las obras académicas", destacó alguna vez el investigador Federico Siciliano.

Lo bueno de la cuestión fue que lejos de ser un fiasco, la presentación tuvo tal éxito que lo llevó a hacer varias presentaciones. Eso hizo que para muchos aquel acontecimiento fuera tomado como una suerte de "fundación moral del folclore".

Pero lo cierto es que Chazarreta la venía remando desde hacía unos cuantos años de cuando en 1906, después de un año recorriendo el país como inspector de escuelas, creó el Conjunto de Arte Nativo.

Una compañía de 30 personas, entre bailarines y músicos, dedicados a la difusión de la música y la danza a la que ahora solemos llamar "de raíz". O sea, el folclore argentino.

Según consta en la reseña que Cultura hace de él, "en sus expresiones, Chazarreta señalaba: 'En mis representaciones se verá la hermosa tradición de nuestra provincia y a la par de la música, los bailarines interpretarán los distintos bailes criollos de antaño, que el tiempo va esfumando por una apatía incomprensible'".

Un adelantado, en eso, de promover el ejercicio de valorar el pasado y proyectarlo al futuro. "Entiendo que es el momento oportuno de hacer revivir las tradiciones y presentar al mundo civilizado sus grandezas. Millares de argentinos mueren sin conocer la música tradicional creada por nuestros antepasados", solía expresar.

Recopilar es la tarea

Distintas versiones hablan de entre 350 y 400 obras registradas por Chazarreta, entre las que recopiló y las que él mismo creó. La cifra que se puede chequear en la lista de SADAIC es algo más modesta y llega a las 288, que tampoco es poca cosa.

Entre los títulos más "famosos", A la sombra de un mistolAlma santiagueñaCriollita santiagueña, grabada por Mercedes Sosa; La algarrobera, de la cual los Coplanacu registraron una versión; Vidalita del santiagueñoSiete de abril; la popular La telesita; la mencionada Zamba de Vargas y hasta La López Pereyra.

No obstante, en el último caso, Chazarreta debió enfrentar un litigio planteado por el salteño Artidoro Creceri, quien finalmente recuperó la propiedad de los derechos sobre la obra. Gajes de la tarea del recopilador, que a veces recopila lo que es de otro.

Aun así, la tarea del músico y maestro santiagueño fue de una trascendencia fenomenal, y fundacional, a partir de las primeras grabaciones que hizo en 1916, que en muchos casos eran antecedidas por un anuncio del tipo de ritmo, con un carácter cuasi didáctico que hoy se prolonga en el Programa de Orquestas Andrés Chazarreta.

 

 

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